Jugar a matar

Ahora mismo, el enemigo personal de Edna es el Xbox. Madre soltera, ella creyó resolver el gran problema de las escasas opciones recreativas para su hijo, pidiéndole a sus parientes en Miami que le enviaran un soberbio y sofisticado equipo de videojuegos.

«Pensaba que mi hijo Michael, de 11 años, podría estar más tiempo en casa. Él era adicto a los videojuegos y en un mes a veces yo gastaba hasta 50 pesos convertibles (60 dólares) para que jugara en el piso de un vecino que alquilaba su equipo a un “chavito” (un dólar) la hora».

La buena idea se convirtió en algo dañino. El chico se conecta con su Xbox desde que llega de la escuela. No hace vida social. Solo o en compañía de amigos, toma los mandos para jugar compulsivamente en videos ultra violentos que proliferan en el mercado.

A Michael poco le interesa la escuela. En horas de clases, no se concentra en los estudios y se la pasa hablando de la última versión de algún sanguinario videojuego. O escapa hacia la casa, para mejorar sus habilidades asesinas a la hora de matar virtualmente.

El objetivo de Michael es ser el mejor «killer» entre sus colegas del barrio. Edna se ha levantado en la madrugada y lo ha visto atrapado con el Xbox.

Esta adicción de su hijo le preocupa muchísimo. Lo lleva a la consulta de un sicólogo, quien sin éxito intenta desintoxicarlo de la ludopatía virtual. Tanta violencia le está pasando factura a Michael. Se ha vuelto un chico impulsivo y de pocas palabras.

Los videojuegos aún no constituyen un problema grave en Cuba, como suele suceder en otros países. Pero es un fenómeno a tomar en cuenta.

La industria del ocio es un negocio que estremece. Mueve más de 48 mil millones de dólares al año, que dejan sin aire los 8 mil millones invertidos en el cine. Y apunta gastar más plata. Según tanques pensantes, analistas y expertos en el tema, a la vuelta de un lustro esta industria podría convertirse en la séptima en importancia, sólo superada por la de armamentos, drogas, prostitución, casinos, alimentos y medicinas.

Geográficamente, Cuba está más cerca de Estados Unidos de lo que Fidel Castro hubiese deseado. A pesar de ser una nación embargada comercialmente por los americanos, y desde hace 53 años gobernada de forma autoritaria y sin un puñado de libertades, el último grito de la tecnología estadounidense llega enseguida a la isla.

Tal es el caso de los ordenadores Apple, el iPhone, iPad, Blackberry, Samsung Galaxy o los Xbox de última generación. También llegan los peores y más violentos videojuegos. Muchos niños y adolescentes los consumen a destajo. La adicción a juegos de sangre y muerte ha provocado no pocos sucesos trágicos en Estados Unidos.

En Cuba, la violencia juvenil no llega a esos extremos, pero ha ido aumentando. Debido a las innumerables carencias materiales, siempre habrá que tener un ojo avizor en las consecuencias que en los menores pueda producir la adicción a videojuegos violentos.

Edna no piensa que su hijo sea capaz de coger un cuchillo afilado de la cocina y apuñalear a cualquiera. Pero cuando observa su comportamiento agresivo tiene sus dudas. Nunca se sabe.

El blog de Tania Quintero, 3 de enero de 2011.

Foto: Tomada de soitv.

Publicado originalmente en El Blog de Iván García.


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