Suiza no es un país racista

Lo que le pasó a Oprah Winfrey en una boutique de lujo de Zúrich no puede tomarse como medidor de racismo en Suiza. Fue algo lamentable y criticable.

Y no solo por el hecho de ella ser negra, si no porque se supone que una vendedora de una tienda tan exclusiva, debería haber reconocido a una de las mujeres más ricas y famosas de Estados Unidos.

Mi hija, mi nieta y yo pertenecemos a la raza negra, pero las coloraciones de nuestra piel son distintas: mi nieta Yania es la más oscura, mi hija Tamila un tono ocre y yo soy ‘blanconaza’, como los cubanos llaman a los mulatos claros de ‘pelo bueno’ o menos rizado.

En estos diez años en Suiza no podemos decir que hemos sido discriminadas, menospreciadas o subestimadas por no ser blancas. La más expuesta ha sido mi nieta, por ser la más prieta. Casualmente el día antes de conocerse lo de Oprah Winfrey, ella entró a una tienda de la parte vieja de Lucerna y notó que una joven empleada todo el tiempo estuvo vigilándola.

Es que como ella no lleva colgado un cartelito diciendo que estudia bachillerato en la Kantonsschule Musegg y a primera vista, por su biotipo, pudiera parecer una afroamericana o una africana, la dependienta reaccionó como suelen reaccionar las personas de la raza blanca en estos casos: no perdiéndola de vista. Por si acaso…

Pero eso también le hubiera podido ocurrir a Yania en cualquier ciudad europea, inclusive en La Habana, su ciudad natal. A pesar de 54 años de revolución castrista, todavía en Cuba existen muchos prejuicios raciales, de los blancos hacia los negros, de los negros hacia los blancos y entre los negros y mulatos.

El incidente con la Winfrey ocurrió mientras la opinión pública suiza se cuestionaba si en Bremgarten, en el cantón Aargau, era correcta o no la prohibición para que en el verano los solicitantes de asilo de un centro cercano pudieran bañarse en la piscina pública.

Pienso que en Bremgarten, más que por la raza, la gente temía que pudieran ser portadores de enfermedades, o al no saber exactamente quiénes eran esos extranjeros, fueran conflictivos, no supieran comportarse en público y crearan problemas. El temor a lo desconocido es innato en el ser humano.

Comparada con España, la nación que informativamente más conozco, Suiza es mucho menos racista. Porque los españoles fueron colonizadores en África y América y no le han dado tantas oportunidades ni los han integrado a la sociedad, como moralmente debieran, a los ciudadanos de los países colonizados. En Francia o el Reino Unido, por mencionar dos ejemplos, nada más llegar a sus aeropuertos usted ve cuántos ciudadanos oriundos de ex colonias están allí laborando.

En el pasado, Suiza tuvo mercenarios, hombres que por dinero se fueron a guerrear a cualquier parte del mundo. Pero los suizos no fueron colonizadores, como los españoles, británicos y franceses. Y los extranjeros que formaron parte de las primeras oleadas migratorias, a partir de la década 1940-50, eran italianos, portugueses y españoles. Obreros que marcharon a trabajar en grandes obras constructivas en Suiza. Al ser mediterráneos, su pelo solía ser negro y su piel más bronceada, pero todos pertenecían a la raza blanca.

La llegada masiva de personas negras a Suiza es relativamente reciente. Según me cuentan, antes de los africanos comenzaron a llegar los tamiles. Al principio, me decía una amiga, los suizos se asustaron, porque algunos eran ‘color teléfono’, como en Cuba le decimos a los negros retintos. Pero luego, cuando vieron que eran tranquilos, respetuosos y, sobre todo, muy trabajadores, los fueron aceptando y hoy figuran entre los colectivos foráneos mejor valorados en la Confederación Helvética.

Para no haber sido un país colonizador ni haber importado esclavos para sus faenas agrícolas y domésticas, no exagero si digo que Suiza es mucho menos racista no solo que España, si no también que Estados Unidos y que Cuba.

Claro que quedan recelos, prejuicios, temores, y no solo hacia los negros, también hacia otras etnias y nacionalidades. Pero como en Suiza está prohibido manifestarlo públicamente, el asunto queda a nivel de conversaciones entre amigos y familiares.

“No hay mal que por bien no venga”, dice un refrán. Considero positivo que esa empleada desinformada no hubiera sabido quién es Oprah Winfrey, la haya considerada una ‘negra cualquiera’ y no le hubiera mostrado el bolso (por cierto, de piel cocodrilo, tal vez algún ecologista suizo protestó). Cuando los problemas se hacen públicos y se discuten, es más fácil ayudar a eliminarlos.

Por ser Oprah una celebridad, se creó un revuelo a nivel mundial. Pero mil veces peor y más condenables, son los insultos racistas que en Italia ha padecido la ministra de Integración Cécile Kyenge, de origen congoleño. Como los plátanos que le lanzaron durante una fiesta del Partido Demócrata, el mismo del primer ministro Enrico Letta.

Y hablando de políticos, el actual presidente de la Confederación Helvética, Ueli Maurer, con fama de conservador y nacionalista, ha rechazado que se le tache de racista o xenófobo. Maurer está casado con una suiza que nació y se crió en Ghana. Tienen seis hijos y en una entrevista de 2008, declaró que su familia tiene muchos amigos negros y “en nuestra casa a menudo comemos más cuscús que raclette”.

Foto: Oprah Winfrey viajó a Suiza a la boda de Tina Turner celebrada en Zúrich en julio de 2013. En la imagen, tomada de la web de Necole Bitchie, aparecen Oprah, Tina, su esposo Erwin Bach y dos invitados más.

Leer también: Oprah Winfrey pide disculpas y Solicitantes de asilo, libertad de movimientos.

Publicado originalmente en El Blog de Tania Quintero.


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