En cualquier sitio de Cuba –pero en particular en La Habana- es posible encontrarse con la escena de algún cubano asediando a un turista. Ocurre a menudo, sobre todo en aquellos lugares que suelen ser frecuentados por extranjeros, como los museos, bares, cafés y restaurantes, entre otros.
Pero ya es el colmo asediar a un extranjero en un templo, en el momento de recogimiento personal. Con frecuencia esto ocurre en la Iglesia Diocesana de la calle Reina, la cual, por su ubicación, a diario es visitada por turistas. Algunos son católicos, otros son atraídos por la belleza de sus capillas y entran con el propósito de tomar fotos.
Estos acechadores ‘marcan’ (observan) a los turistas y cuando ven que anda solo, se le acercan, y comienzan a insistir para establecer un diálogo (algunos hasta hablan un poco de inglés). Pero casi nunca lo logran porque ya muchos forasteros conocen estas artimañas y los evitan.
Si el turista quiere tan sólo contemplar el interior de la iglesia, detenerse en los detalles de su arquitectura o tirar fotos, le resultará difíci quitárselos de encima. Cuando el acechador logra ‘pegarse’ al visitante, no se irá de su lado hasta que abandone la Iglesia.
Los tipos dedicados al asedio de turistas son muy impertinentes y no les interesa mantener una conversación seria, tampoco se molestan con los desaires. Se pasan el día merodeando por los alrededores de la iglesia o sentados en las escaleras, esperando a que aparezca su presa. La mayoría de los cazadores de turistas son de la raza negra.
Texto y foto: Bárbara Fernández Barrera
Red Cubana de Comunicadores Comunitarios, 12 de noviembre de 2015.
Publicado originalmente en El Blog de Iván García.


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