Gilberto Ante, un fotógrafo olvidado (III y final)

Una exposición, un barbudo y la gente

El 19 de mayo de 2009, el Museo de Antioquia, Colombia, inauguró una exposición-homenaje a los 50 años de la revolución cubana. Y lo hizo de una manera particular, con 50 fotos de Gilberto Ante.

Tres días antes, la revista Semana publicó un reportaje titulado El domingo de la Revolución. Lo encabezó con una foto de Fidel Castro hecha por Ante en 1960, pero para este post decidí poner una menos conocida del barbudo, con los dos relojes que entonces usaba y una botella de agua mineral. Después de fragmentos del reportaje, diez de las miles fotos que a lo largo de sus 66 años de vida Gilberto tiró. Y no solo a los líderes de verde olivo, también a la gente, fueran milicianos, alfabetizadores, monjas, intelectuales, campesinos, mujeres o simples cubanos.

Si algo queda de la Revolución Cubana -además, claro, de los diarios y cartas del prolífico Che- es la fotografía. La fotografía épica cubana, como se dio en llamar al conjunto de la obra de los cuatro fotógrafos oficiales que le siguieron los pasos a Fidel Castro después del primero de enero de 1959: Alberto Korda (el ojo que registró la imagen del Che que hoy se ve reproducida y vuelta a reproducir en camisetas y afiches), Osvaldo y Norberto Salas y Liborio Noval y su registro de una Cuba triunfante y luchadora.

Y queda porque desde un principio fue pensado para que así fuera. ¿Cómo más adoctrinar un pueblo cuyos índices de analfabetismo, para ese entonces, era de un 60 por ciento? Con revistas de altísima calidad fotográfica al estilo de Life, que el Che -periodista y fotógrafo aficionado- organizó y llamó “cuerpo del ejército ideológico”: las hoy míticas Verde Olivo y Bohemia. Las fotografías que allí se publicaron quedarían para la posteridad y hoy se pueden ver en la Fototeca de La Habana: cientos de miles descansan en un juicioso archivo para hacer honor a la historia. Allí está todo lo que se sabe de los primeros años de la Cuba comunista. Todo, menos la historia de Gilberto Ante, el quinto fotógrafo de la revolución. De su archivo de 25 mil negativos, que se verá por primera vez a partir del 19 de mayo en el Museo de Antioquia, en Cuba no se conocen más de 10 fotografías.

Igual que el destino de su archivo, la vida de Gilberto Ante a duras penas llegó a la luz pública. La suya es la historia del nieto de la matrona de un prostíbulo de Manzanillo que, para emplearse en el oficio más demandado de la época (fotógrafo de matrimonios), cobró una indemnización por la pérdida de dos dedos, que él mismo se cortó. Un hombre cuya verdadera carrera empezó en 1959, después de conocer a Celia Sánchez, la mujer de Fidel durante más de 25 años, que para entonces reclutaba campesinos a las afueras de Manzanillo; la historia de un hombre que en los 60 estuvo muy cerca del poder, fue un orgulloso protagonista de la Historia, y se regodeó con las mujeres más lindas de La Habana, pero que por giros de la vida -y a causa de su alcoholismo- terminó en una redacción haciendo copias fotográficas de las tiras cómicas de los diarios.

No se sabe por qué su archivo desapareció. Algunos dicen que Ante nunca entregó los negativos al “organismo ideológico” del Che (y tenía buenas razones para no hacerlo), otros que los retiró indignado al verse reducido a técnico. Lo cierto es que su nombre fue borrado y su archivo permaneció en la oscuridad.











Agradezco a Antonio Ante López su generosidad al enviarme ese centenar de imágenes valiosas de su padre. No pierdo de que en Cuba las cosas cambien y algún día en Manzanillo y en La Habana se puedan montar exposiciones iguales o mejores que la inaugurada por el Museo de Antioquia hace seis años. Y rendirle así el homenaje que Gilberto Ante Morales merece.

Publicado originalmente en El Blog de Tania Quintero.


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