Siete calles habaneras con raíces vascas (I) Belascoaín

En 1782 se denominaba Calle del Cocal, porque había cocoteros plantados por la zona. Después se conocería por Calzada de la Beneficencia, por la Casa de Beneficencia, que en 1793 se edificó en esa calle. Y durante un tiempo se llamó Calle Gutiérrez, apellido del constructor principal, un canario que llegaría a ser regidor de La Habana en 1812.

Hacia 1844, al perfilarse bien la calle, se le nombró Belascoain por el general español Diego de León, conde de Belascoaín, un jerifalte de la época colonial, amigo de Leopoldo O´Donnell. Era el tramo que iba desde lo que entonces era el Paseo de Tacón y que después sería la Avenida Carlos III (hoy Salvador Allende) hasta la Calzada del Monte (Máximo Gómez es su nombre oficial).

Cuando en 1938 se fundó la Oficina del Historiador, Emilio Roig de Leuchsenring propuso algunos cambios de nombre y se le puso Padre Varela, pero la gente siguió diciéndole Belascoaín.

Era una calle frecuentada por los pelotaris del Palacio de los Gritos. En un antiguo edificio, en una de las esquinas de Belascoain y Salud, en la tercera y cuarta planta solían hospedarse los pelotaris del Frontón Jai Alai. Una mujer madura, vasca, era propietaria de ambas plantas y de la azotea, y siempre tenía entre diez o quince pelotaris albergados en habitaciones sencillas con baño individual.

Al salir del frontón a media noche, los pelotaris caminaban a pie por Belascoaín y con frecuencia entraban al bar-restaurante Celada, en Belascoaín y Carlos III. También visitaban el bar Madrid, en Belascoaín y Concordia, el bar-restaurante Mar y tierra, cerca de Belascoaín y Malecón, y el Vista alegre, en Belascoaín y San Rafael. También el Hotel San Luis, en Belascoaín entre Ánimas y Lagunas, que fuera hogar provisional para muchos puntistas (así le llaman a los que juegan la cesta punta, una especialidad de la pelota vasca).

Otro bar muy vinculado a los pelotaris era el Toki ona (Buen lugar, en vascuence), bar-restaurante en Marqués González 214, entre Neptuno y San Miguel, en la actual Centro Habana. Uno de sus propietarios en 1958 era Martín Ignacio Odriozola, quien invirtió en el local parte del dinero que recogió en la función homenaje por su retiro como puntista, obligado por una afección cardíaca. Se le llamaba Odriozola I para distinguirlo de su hermano, y le apodaban también “el perrito” o “el meteoro vasco”, por su juego ágil y alegre. Tenía 23 años cuando se le diagnosticó la enfermedad y tuvo que abandonar la cesta en 1958.

En los dos pisos superiores, el Toki ona tenía apartamentos de vivienda donde se hospedaban los pelotaris. Los pelotaris frecuentaban también el Centro Vasco, cuya primera sede estuvo en el Paseo del Prado, y posteriormente en Calle 4 esquina 3ra, Vedado.

Tomado de la web Semillas en el tiempo.

Foto: de la calle Belascoaín hecha por rayosx7031, Panoramio.

Publicado originalmente en El Blog de Iván García.


Posted

in

by

Tags:

Comments

Dejar un comentario