Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, primera villa cubana, fundada por los españoles en 1511, no tuvo comunicación vial con el resto del país hasta 1965.
Ese año, se inauguró La Farola, carretera que comenzó a construirse antes de 1959 y serpentea unos 30 kilómetros entre las montañas de la cordillera Nipe-Sagua de Tánamo-Baracoa con alturas que a veces llegan hasta los 450 metros sobre el nivel del mar.
La Farola forma parte de la Vía Azul, que tiene 154 kilómetros que enlaza a Guantánamo con los municipios San Antonio del Sur, Imías y la Villa Primada.
Hasta Imías, la zona es calificada como ‘el semi desierto cubano’ debido a la escasez de lluvias y a la salinidad de los suelos. A partir de La Farola el paisaje cambia radicalmente debido a que la zona del macizo montañoso es una de las más lluviosas y bellas de Cuba.
Una monografía de la arquitecta Agueda Caballero Llorens, citada por EcuRed, la enciclopedia oficial, menciona las características técnicas de la vía, los obstáculos que tuvieron que vencer los constructores e ingenieros para terminarla.
Por su singular relevancia y las dificultades que supuso su construcción, en 1997 La Farola fue considerada por la Unión de Arquitectos e Ingenieros Civiles de Cuba como una de las siete maravillas de la ingeniería civil cubana.
En 2015 se cumplen cincuenta años de la inauguración de La Farola, y CubaNet hizo un recorrido por ella, constatando el mal estado técnico en que se encuentra la llamada “maravilla”.
Muchos tramos de las barandas de hormigón prefabricado, que sirven como barreras de protección en el borde de la vía, están destruidas debido a colisiones o vandalismo, un mal que se ha vuelto endémico.
Numerosos baches en el centro de la carretera no han recibido una atención inmediata y se han ido extendiendo hasta convertirse en socavones, con gran peligro para la vida de los conductores y pasajeros. En no pocas de sus curvas hay que tocar el claxon, para advertir a los conductores que transitan en sentido contrario.
Según un transportista privado, a menudo se producen desprendimientos de rocas desde las cimas de las montañas, sobre todo cuando llueve, y la brigada de mantenimiento no actúa con la rapidez requerida que permita dejar libre la vía.
“Esta carretera y su paisaje son muy hermosos, pero cuando llueve las losas fundidas de hormigón que conforman la vía resbalan como si fueran jabón. A ello se unen los socavones, cada vez más grandes y peligrosos y la posibilidad de que una roca desprendida lesione o mate a un pasajero”, cuenta el chofer.
Un trabajador de la Empresa Forestal que tampoco quiso revelar su nombre, refirió que por su importancia la carretera está presente en casi todos los planteamientos de los pobladores, para que no se continúe deteriorando. “Sin embargo, se ha hecho muy poco”, dijo.
Fue una obra donde confluyeron el ingenio y la eficiencia de los técnicos cubanos, con un resultado de encomiable belleza, algo cada vez más raro en el panorama constructivo del país.
El viaducto ayudó a reducir la incomunicación de Baracoa. Sería una lástima que el abandono, la desidia y el vandalismo apagaran la luz de La Farola.
Texto y foto: Roberto Jesús Quiñones Haces
Cubanet, 26 de septiembre de 2015.
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Publicado originalmente en El Blog de Tania Quintero.

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