Piensen en Gabo, que él no puede

Para recordar el segundo aniversario de la muerte de Gabriel García Márquez, los colombianos han abierto La Gaboteca.

Es un sitio de internet gratuito donde aparece toda la vida y la obra del escritor. Allí están sus libros y las calles donde vivió en París, México DF y Cartagena y los estudios del universo mágico que el escritor descubrió sin querer mientras contaba lo que veía.

En ese espacio, creado en la Biblioteca Nacional de Colombia por el Ministerio de Cultura de ese país, se encuentran las ediciones de sus obras y una muestra de las reseñas de sus novelas, sus cuentos, su trabajo como periodista, cineasta, poeta embozado y clandestino, así como sus ensayos, entrevistas, diálogos y prólogos.

Nicolás Pernett, comisario de La Gaboteca, ha dicho que se trata de un lugar para soñar y viajar con todo el legado de García Márquez y para conocer mejor a un hombre “que tenía muchos sombreros y es una especie de retrato familiar de Colombia”.

La Gaboteca será el Macondo virtual del autor de Cien años de soledad. Allí, han afirmado las autoridades, estará todo lo que tenga ver con su literatura y su trayectoria como intelectual.

Su voz congelada y los juicios de los especialistas, las miles de cuartillas escritas sobre sus libros y las miles que vendrán. Y cerca, en otro sitio, las máquinas de escribir, las medallas y los diplomas, los manuscritos y las fotos.

Con La Gaboteca se inicia un camino en la red que pretende ordenar y presentar hasta los detalles de la bibliografía del hombre que inventó el realismo mágico para que el mundo conociera una América que latía en una zona oculta de realidad. Ese territorio sólo permitió que lo viera y desnudara la palabra de aquél muchacho de Aracataca que estaba condenado a ser telegrafista, como su padre.

Cualquier cosa que pase o se diga sobre García Márquez quedará registrado allí, a un golpe de ordenador de los que lo admiran y lo quieren.

Todo queda dispuesto para la gloria del escritor, al servicio de su herencia como intelectual. Pero para Gabriel, el hombre común que tenía sed y hambre y podía perder la esperanza, no hay nada como no sea el silencio más grande del mundo.

Ninguna redacción bulliciosa y regada. Ningún bar bogotano. Ni una flor amarilla, un vaso de vino, un poco de música, un buen bolero o un amigo para hablar de La metamorfosis. A no ser que sea verdad lo del otro mundo y ya haya visto entre los cirros al colombiano Álvaro Mutis o al cubano Eliseo Alberto.

A mí, la noticia me ha hecho volver a leer a un amigo, poeta caribeño sin renombre ni resonancias universales, que escribió unos versos en los dice que lo más siniestro de la muerte no es que la gente querida se olvide de ti o te recuerde mucho, lo peor es olvidarse uno de todo el amor y de las cosas bellas de la vida.

Aquí están unos versos de ese soneto de despedida: Vendrá la muerte ciega para el llanto/ me llevará, y el mundo en que he vivido/ se olvidará de mí, pero no tanto, como yo mismo que seré el olvido. / No me duele morir y que me olviden, sino morir y no tener memoria.

El Mundo, 26 de abril de 2016.

Dibujo del Gabo tomado de El Universal de Colombia.

Publicado originalmente en El Blog de Iván García.


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