El Partido Comunista cumple hoy, 16 de agosto, un centenario de su creación en Cuba. Es la organización partidista que más tiempo ha disfrutado de las ventajas del poder en este país desde su independencia de España. El relato histórico oficial, que ayudó a construir el propio PC, ha hecho creer erróneamente a varias generaciones, quizás para justificar su renuencia a la pluralidad, que la política republicana fue profundamente anticomunista. Dicha tesis debe ser cuestionada a partir de nuevas visiones históricas.
Con ese propósito, comparto estos fragmentos de un libro en proceso de escritura, bajo el título provisional de El anticomunismo en Cuba antes de 1959: mito y realidad. Algunos de los temas mencionados aparecieron ya en Segundas Lecturas. Intelectualidad política y cultura en la República burguesa (Ediciones Matanzas, 2013 y 2016) / Premio Anual de Investigación Cultural 2014.
Nuestra historiografía es en verdad reacia a reconocer las grandes oportunidades que se abrieron para el Partido Comunista durante los más de 15 años que transcurrieron tras su legalización, en 1938. Lo usual es la imagen de una organización hostilizada en medio de una sociedad llena de tabúes hacia la ideología marxista, que muestra al Partido en permanente oposición a las fuerzas políticas del país y en desventaja en cuanto al acceso al poder mediático. El enfoque en cuestión reduce la historia de esa organización a sus primeros 13 años de existencia, que transcurrieron en la ilegalidad, y minimiza el hecho de que, junto al chileno, fueron ambos los primeros partidos comunistas de América con participación en un Senado y una Cámara burgueses.
Desde el gobierno –entre 1940 y 1944 formaron parte de la coalisión gobernante– o desde la oposición, los comunistas desarrollaron una intensa actividad legislativa. Los senadores y representantes de ese partido aportaban leyes, mociones y ponencias dirigidas a disímiles asuntos de interés social. Además, disponían de una plataforma mediática que le permitió interactuar con la sociedad.
La Editorial Páginas –ubicada en Obispo no. 65, dpto. 7, apartado 2213– pretendía ampliar la cultura de la población al publicar obras de autores nacionales y extranjeros que aportasen al desarrollo de la conciencia ciudadana, entre las publicaciones hubo mucha literatura marxista. También poseía la Librería Páginas, calle O’Reilly 503 entre Bernaza y Villegas, Apartado 2213, donde se vendían los libros de la editorial. En función de la promoción literaria contó con Ediciones Sociales (1939-1947), Ediciones del PSP (1944-1954), Ediciones de la Revista Fundamentos, Ediciones de la Gaceta del Caribe y Ediciones de Mil Diez.
Según testimonio del dirigente comunista Ramón Nicolau, para aminorar los gastos ocasionados por el traslado de los voluntarios cubanos a la guerra en favor de la República española, fue creada una agencia de pasajes con oficinas en la Manzana de Gómez, por la calle Neptuno. Ella economizaba un 15 por ciento en el precio de los pasajes y, una vez cumplida esta misión, quedó en actividad operada por el Partido durante varios años.
En 1938, los comunistas fundaron la productora cinematográfica Cuba Sono Film, cuyo propósito era propagandístico y de denuncia. Conjuntamente con ella, se organizó la distribuidora de películas Blue Ribbon Films. La tarjeta de presentación ofrecía los siguientes servicios: alquiler de amplificadores, fotografía comercial, filmaciones y proyecciones de películas de 16 mm, documentales educativos, sociales, etc. Además, brindaba servicio de amplificadores en los actos de masas organizados por los sindicatos. Su sede inicial estuvo ubicada en un edificio de la calle Calzada no. 1006, entre 10 y 12, Vedado. Más adelante se trasladaron a una casa amplia en la calle San Miguel no. 566 entre Gervasio y Belascoaín. Allí montaron un buen laboratorio fotográfico y contaba con mejores instalaciones y equipos de cine, sonido y fotografía.
Aunque el Partido llegó a tener su propia emisora radial (Mil Diez), a partir de 1943, desde mucho antes dispuso de una amplia programación a través de la que propagaba su ideología. Veamos unos ejemplos: Orientación Popular, de 12 a 1 pm, por la CILBF/1280 kc; Las charlas socialistas democráticas, de 7 a 8 pm, por CMCM, CMCK y CMBZ; Doctrina y Acción, con dramatizados biográficos de veinte minutos sobre líderes comunistas como Carlos Marx, Vladimir Ilich Lenin, José Stalin, entre otros, de 8 a 9 pm, por la CMBF/1290 kc.
Su órgano oficial fue Noticias de Hoy, aparecido en mayo de 1938. Tuvo un precio de dos centavos, y dos ediciones, una en la mañana y otra vespertina. Se subvencionaba por suscripción popular, en menor medida, y por publicar anuncios de productos y servicios, especialmente de empresarios y profesionales cubanos. También anunciaban la Lotería Nacional. Los ingresos obtenidos le permitieron tener su propio taller de impresión, ubicado en Desagüe 108 y 110, Apartado no. 2422, Dirección Telegráfica: Noti–Hoy, Habana.
Se programaban actividades para niños y jóvenes, como Teatro Infantil de Hoy, Teatro Popular de la Juventud y los Sábados Festivos de los jóvenes del pueblo, en Zulueta 660 (altos) con bailables incluidos; y era costumbre que se organizaran actos públicos de carácter político cultural en el estadio La Polar.
Tras el fin de las alianzas establecidas durante la Segunda Guerra Mundial los comunistas cubanos se vieron afectados en alguna medida, pero nunca dejaron de participar en el juego de la política y de disponer de las plataformas mediáticas que lo hacían posible. Para las elecciones de 1944 el Partido Comunista continuó en el bloque gubernamental, pero perdió ante la Alianza Auténtico-Republicana, y Ramón Grau San Martín obtuvo la presidencia. Con Grau (1944-1948) se inició el período de los Auténticos, y aunque su campaña electoral incluyó propaganda anticomunista, después no realizó acciones radicales contra el movimiento comunista y sindical.
Por el contrario, en momentos de defensa de ciertos intereses económicos, se apoyó en líderes comunistas. El buen clima entre comunistas y auténticos se reflejó de forma evidente en la misiva que Ángel Augier enviara a José Antonio Portuondo en febrero de 1945: «Ya sabrás nuestras muy cordiales relaciones con Mongo [Ramón Grau]. La cosa se está poniendo buena. Juan dijo un formidable discurso sobre Martí en el senado el día 28, con la asistencia del Presidente. Ayer mismo fueron Juan, Blas, y Lázaro a Palacio a comunicar al Presidente los acuerdos de la asamblea del Ejecutivo que acaba de celebrarse, y en la que se resolvió apoyar todas las medidas del gobierno a beneficio popular. Dice Juan que Mongo se expresó en términos muy laudatorios para el Partido y para el apoyo que recibía, así que yo creo que podemos impulsar cosas buenas».
En carta de Nicolás Guillén a Portuondo, del 8 de febrero de 1945, se lee: «Grau se muestra en magnífica postura en cuanto a la CTC. Asistió –lo verías- a un acto en el edificio en construcción, y se comprometió solemnemente a dar el resto de la plata que hacía falta para terminarlo. Sujétate: ochocientos mil pesos. Concedió aumento a los obreros azucareros; dictó un decreto (al cesar la Ley de Alquileres) prohibiendo los desahucios siempre que el inquilino deposite el dinero en el juzgado; dictó también otro decreto prohibiendo los desalojos campesinos; ¡y visitó el periódico Hoy!»
La Segunda Guerra Mundial terminó en 1945 y Estados Unidos emergió como potencia hegemónica. Las tensiones con el naciente campo socialista irían en aumento, sobre todo desde 1947 por las contradicciones en el Berlín ocupado. Los antiguos aliados volvían a enfrentarse, esta vez en conflictos más políticos e ideológicos que militares; en consecuencia, sobrevino la política de Guerra Fría.
El nuevo escenario propició cambios en la actuación del gobierno de Grau. Las evidencias más apreciables estuvieron en la abierta presión sobre el movimiento sindical: asaltos a locales para interrumpir reuniones, suspensión de asambleas, asesinatos de líderes sindicales y campesinos, etc. No obstante, ninguno de los gobiernos auténticos, ni Grau ni su sucesor, Carlos Prío (1948-1952), tomó medidas radicales contra la organización comunista. El Partido no fue ilegalizado, continuó disponiendo de sus propiedades y publicando su diario oficial, además de la revista Fundamentos. Los senadores comunistas fueron respetados en sus funciones. En 1948, el presidente de los comunistas cubanos, Juan Marinello, era el vicepresidente del Senado de la República.
Muy diferente fue lo ocurrido en Chile, donde las fricciones del gobierno con los comunistas desde 1946 fueron deteriorando su participación en la vida política del país suramericano. Las tensiones tuvieron su clímax con la aprobación de la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, en septiembre de 1948, conocida también como Ley Maldita. Esta legislación chilena proscribió la participación política del Partido Comunista y borró del registro electoral a sus militantes, lo cual significó que los regidores, alcaldes, diputados y senadores electos fueron inhabilitados. No se eximió de ello a intelectuales de renombre mundial como Pablo Neruda, que debió exiliarse.
En Cuba el Partido Comunista no fue ilegalizado ni siquiera tras el golpe de Estado, encabezado por Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952. Su prohibición ocurrió más de un año después y se debió a una infortunada casualidad. La celebración del cumpleaños 45 de Blas Roca tuvo lugar el 24 de julio de 1953 en un céntrico restaurante de Santiago de Cuba, y allí estuvo la plana mayor del Partido. Al ocurrir el asalto al Cuartel Moncada, dos días después, Alberto del Río Chaviano, jefe del regimiento militar del cuartel, los relacionó con la acción. Terminaba así la etapa legal en la vida del Partido Comunista, promovido como Partido Socialista Popular desde 1944.
Tras sumarse tardíamente a la postura insurreccional contra la dictadura batistiana, los comunistas emergerían con fuerza renovada en la vida política, en la cual se les responsabilizó desde el inicio con sectores claves en el nuevo proceso, especialmente en el campo de producción y reproducción de ideología. A partir de 1965, tras el período de reacomodo de las fuerzas emergentes en la victoria sobre la dictadura, y mediante una refundación, emergerán, con su nombre actual: PCC, para ser, hasta hoy, el único partido político legal en Cuba y convertir el deformado marxismo de matriz estalinista, no solo en una ideología de Estado, sino en un mecanismo de dominación, discriminación y segregación política.
El daño a la vida política nacional a partir de entonces ha sido enorme. Un Partido que disfrutó del respeto a la igualdad política en un sistema parlamentario plural; al nuclearse al grupo de poder victorioso, mutaría en una organización intolerante, dogmática, que se cree dueña de la verdad absoluta; apegada a una línea inmutable, que vació de dialéctica su interpretación del devenir histórico y que defiende la disciplina a costa del ejercicio sincero del criterio y de la justicia. Resulta más parecida a una secta de elegidos que a un partido político.
La constante apelación al supuesto pasado anticomunista en Cuba, ha sido más bien una de las vías para legitimar la exclusividad del partido único y la justificación a su intolerancia manifiesta hacia cualquier otra corriente ideológica de pensamiento. Esa leyenda negra, que presenta al anticomunismo como una política de Estado sin fisuras, y como una característica propia de la sociedad cubana a lo largo de la historia republicana, es un mito que no se sostiene ni siquiera desde la narrativa de la propia prensa del Partido.
En febrero de 1947, el escritor Lino Novás Calvo, le hizo una exhortación al Partido en carta dirigida a su amigo, el intelectual comunista José Antonio Portuondo, en la que esboza la propuesta de una estrategia más adecuada: «(…) Tendría que mirar realísticamente las cosas y aceptar la verdad donde quiera que la encontrara. Y jugar más limpio y menos fríamente con los hombres, y con los sentimientos, y los valores morales. Menos estrategia y menos táctica y menos funcionalismo y más alma y humanidad. Pero también eso es difícil».
Texto y foto: Café Fuerte, 16 de agosto de 2025.
Nota.- *Profesora e historiadora, residente en la provincia de Matanzas. Fue acusada y condenada por desobediencia en un juicio amañado en 2023 y es víctima frecuente de hostigamiento por parte de la policía política.
Nota de Tania Quintero.- Esa foto no es de 1930, es de 1945. Sería en 1947, año de esta otra foto (Historia de una foto cubana | Diario de Cuba) o en 1948, cuando mi padre me empezó a llevar a las oficinas del PSP, en Carlos III entre Oquendo y Marqués González. Como ese balcón no era peligroso, mi padre me dejaba estar allí parada mucho rato.
La avenida Carlos III era una de las mejores que se construyeron en La Habana, amplia, con varios carriles en distintos sentidos y con espacios donde además de los postes de electricidad, había árboles sembrados. ¡Una belleza!
Además de estar en el balcón, parte del tiempo me la pasaba en el archivo, ayudando a Lucrecia López (la de la foto conmigo en 1947), a recortar y pegar. O iba a la biblioteca, la bibliotecaria era Justina Álvarez, mulata manzanillera que era muy amiga de mi padre, que en algún momento fue querida de Blas Roca y ya vieja, después que mi tía Dulce y Blas se divorciaron, se casó con Blas y fue su ‘viuda oficial’, con el visto bueno de los malignos hermanos de Birán.
También entraba a las oficinas de Carlos Rafael Rodríguez, donde el mecanógrafo era Filiberto (Machito), hermano de Lucrecia. O a la de Aníbal Escalante, Joaquín Ordoqui, Juan Marinello, Lázaro Peña… Cuando Blas se iba, como mi padre era su guardaespalda, me iba con él en el auto, un Ford negro. El chofer era el negro Fiallo. Alante se sentaba Blas, detrás, René López, el secretario de Blas, un mulato muy culto, que se enfermó de tuberculosis y en 1954, cuando se inauguró Topes de Collantes, estuvo varios meses allí.
Publicado originalmente en El Blog de Iván García.

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