Trinidad, Manolo Rifat y yo

En 1985, hace 40 años, trabajé como guionista en la Redación de Países Amigos del ICRT. María Fortes, la jefa de la redacción, Manolo Rifat, uno de los mejores directores de la televisión cubana y yo, viajamos dos veces a Trinidad.

Primero a ver las localizaciones y dejar todo ‘amarrado’ para volver, una semana después, con un camión de Remoto a grabar un programa musical que sería vendido al exterior. Por supuesto, con lo mejor de la música cubana, tradicional y lírica, canciones y bailes. Entonces, en la televisión todavía se hacían programas de calidad, con profesionales de primera.

Llevaba tres años en el ICRT y aunque algunos pensaron que mi paso de la revista Bohemia, o sea, prensa escrita, a un medio audiovisual iba a ser difícil, traumático a mi edad (en 1982 tenía 40 años), no lo fue.

Con Manolo Rifat (y otros directores y camarógrafos, como Jorge del Valle, más conocido por El cangrejo, desde el primer día nos entendimos. Compenetración profesional que comenzó en el auto en que viajamos María, Manolo y yo a coordinar las grabaciones en Trinidad, y que se mantuvo en esos dos viajes.

Si un director y un guionista logran una buena comunicación, la mayor tiempo andan juntos, están intercambiando ideas, adaptando el rodaje al guión o viceversa. Por eso Manolo y yo desayunábamos, almorzábamos y comíamos en la misma mesa, en el entonces hotel Ancón.

Conocí también Eva Rodríguez, la esposa de Rifat, presentadora de espacios televisivos de gran audiencia. Manolo y Eva vivían por la calle Desagüe, en un apartamento de un edficio que me parece era microbrigada. A los dos los recuerdo con mucho cariño.

El programa que después Rifat y yo hicimos en Las Ruinas, restaurante del Parque Lenin, quedó excelente.

Gracias a dios y a todos los santos, en esos años todavía no habían nacido los reguetoneros y reparteros.

Publicado originalmente en El Blog de Tania Quintero.


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