Henry, ingeniero de 54 años, una noche cualquiera desplegó sobre la mesa un mapa de España y con tachuelas de colores marcaba las regiones donde presumía mejor podrían vivir los inmigrantes. Su familia, como muchas en la Isla, está desperdigada por medio mundo.
Su hijo emigró hace ocho años y trabaja como enfermero en una zona agreste de Brasil. La sobrina y su esposo, por una carambola del destino, fueron detenidos por entrar ilegal a Estados Unidos, enviados a la Base Naval de Guantánamo y luego reubicados en una ciudad de la lejana Australia. Otros parientes residen en Serbia, Guatemala y México, a la espera que en algún momento ceda la ofensiva anti inmigración en Estados Unidos y poder cumplir su sueño americano.
La pareja de Henry, de 55 años, es especialista en cirugía de mínimo acceso. También deseaba escapar del manicomio ideológico implementado hace 67 años por los hermanos Castro. La llave de entrada que les permitiría recibir visa española era su madre, con raíces gallegas. Comenzaron los preparativos.
Se casó con Henry e iniciaron los trámites en la Embajada de España para aplicar por la Ley de la Memoria Histórica. Fue un buen plan. Durante un año aprovechó la excelente conexión de internet en su empresa estatal, se informaron y con antelación alquilaron un piso en La Coruña.
Cuando recibieron la visa, Henry vendió en 7 mil dólares su apartamento en Alamar y en 21 mil dólares el piso de su esposa en una zona del Vedado limítrofe con el río Almendares. Cambiaron el dinero en euros y compraron tres billetes de avión. No importó que su suegra tuviera 84 años y anduviera en sillón de ruedas.
El 2 de enero de 2026 volaron rumbo a España. Un ex colega de la empresa lo recibió en el aeropuerto de Barajas. Compraron media caja de cerveza Mahu, una botella de vino y un kilogramo de jamón Serrano. Cenó con su amigo, la mujer y el hijo que residían en una habitación mínima en las afuera de Madrid.
Al día siguiente, aún con la resaca, viajaron en tren hasta Galicia. Tres meses después Henry no ha podido conseguir empleo. Su esposa gana un dinero en negro, 350 euros, cuidando una anciana. La madre, nostálgica y aburrida, se queja del frío, no tienen calefacción en el piso que rentaron por seis meses.
Cada mañana Henry sale a buscar trabajo. Comenzó a legalizar su título de ingeniero en telecomunicaciones con la esperanza que alguna empresa lo contrate. “Estás perdiendo el tiempo, bro”, le dicen amigos cubanos que viven en España. “Con 54 años es imposible que puedas conseguir trabajo en tu profesión, al menos que seas Steve Job. Hay un burujón de muchachos recién graduados, con mayor preparación y están sin pincha”, le comentó por WhatApp un conocido que reside en Albacete.
Cuando cae la tarde en La Coruña, se junta con un compatriota y durante varias horas se sientan a jugar ajedrez y hablar de Cuba. Para ahorrar dinero, va con una cantina a la iglesia y busca comida. A pesar de todas las dificultades, no piensan regresar. “Ni siquiera mi mamá, que se pasa todo el día frente al televisor. Vivir sin apagón, con agua las veinticuatro horas, los mercados llenos de comida y transporte público de primer nivel, te borra de golpe la añoranza”, comenta la esposa de Henry.
Escapar de la Isla es cada vez más costoso. Los planes de emigrar a Estados Unidos, el destino favorito de los cubanos, se han complicado debido a las prohibiciones de la administración Trump. Es innegable que la bestial crisis económica, política y social que afecta a Cuba continúa siendo la principal causa para que cientos de miles de compatriotas, quizás millones, sueñen con marcharse del país.
“La paralización de los tramites por reunificación familiar a Estados Unidos, que otorgaba cuando menos 20 mil visas anuales y el cierre de la frontera sur, además de la crisis de combustible que provocó la suspensión de varias líneas aéreas, ha ralentizado la emigración. Pero no la ha detenido”, opina Carlos, sociólogo.
Según un reporte de Bloomberg, en los últimos seis años Cuba ha perdido 2,75 millones de habitantes. “Puede que sean más si sumamos la oleada migratoria de 2015 hacia Ecuador, Panamá y Costa Rica o los miles que han logrado llegar a Uruguay, Brasil, España y Dominicana y no se contabilizan como inmigrantes definitivos hasta dos o tres años después”, asevera el sociólogo.
Las facilidades legales que tienen los cubanos cuando ingresaban a Estados Unidos, como la Ley de Ajuste, residencia al año y día y la posibilidad de prosperar con más celeridad que en otras naciones, se han visto frenadas con las nuevas políticas de Washington dirigidas a enfrentar la inmigración descontrolada.
Entonces los cubanos optan por otros destinos. Yadira, doctora, cuenta que “gracias a mi dominio del inglés viajé a Qatar, donde no hace falta visado. Pude conseguir empleo en una clínica privada. Tienes a favor la calidad de vida. En cualquier trabajo que consigas notarás las diferencias frente a la miseria que sufrimos en Cuba. Los puntos en contra son el idioma y las costumbres árabes muy retrógradas, sobre todo si eres mujer”.
“Puse en una balanza vivir bajo el yugo de una dictadura sufriendo carencias básicas a tener un salario más que decoroso y buena calidad de vida. Ya me ha adaptado a las costumbres catarís. Estoy reuniendo dinero y cuando obtenga la ciudadanía, me radico en cualquier nación europea y me compró un piso. Cualquier cosa es mejor que sufrir esa regresión a la edad primitiva que se vive en Cuba”, confiesa Yadira.
Las recientes facilidades para legalizar a los inmigrantes aprobadas por el gobierno de Pedro Sánchez ha estimulado a miles de cubanos a probar suerte en España. La emigración de cubanos a la Madre Patria se ha disparado. “Y va a seguir aumentando. Miles de cubanos llenan formularios, sean para obtener doctorados, máster universitarios o repoblar regiones en España”, dice un funcionario de la embajada española.
Yordan, jugador de balonmano de categoría juvenil, también pretende marcharse. Considera que “España, como pago de gratitud, debiera darle visado automático a cualquier cubano. Fuimos su metrópolis. Cuando nos independizamos se mantuvieron las buenas relaciones y cientos de miles de españoles se radicaron en la isla, y cuando en España las cosas estaban que ardían, durante la guerra civil o durante el franquismo. Por reciprocidad ahora debieran hacer lo mismo, porque el gobierno cubano está en guerra con el pueblo”.
Lo peor de esa emigración masiva ha sido el vaciamiento de Cuba, generando una auténtica bomba de tiempo. El segmento de personas mayores de 60 años ronda el 30 por ciento de la población, convirtiendo a la Isla en uno de los países más longevo del mundo.
“El personal económicamente activo ha caído de seis millones y medio a cuatro millones. Y sigue descendiendo. Se marchan del país, por lo general, personas entre 18 y 40 años. Un segmento importante son graduados universitarios, técnicos medios en alguna especialidad o al menos tienen doce grado”, indica Gustavo, economista. La crisis multisistémica ha provocado que la tasa de reemplazo sea casi nula.
“Desde hace quince años mueren más que los que nacen. Las mujeres no quieren parir en Cuba”, afirma el sociólogo habanero. Según el demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos, la población actual se ha reducido de once millones a ocho millones seiscientos mil habitantes.
Cuando usted camina por las calles observa a muchos ancianos con sus jabas en busca de alimentos. Cada vez se ven menos niños y jóvenes en los barrios de la Cuba profunda. Mirta, jubilada de 79 años, describe la realidad: “Tengo a mis hijos, mis nietos y mis hermanos en el exterior. Me envían dinero y cajas con comida, ropa y medicinas. Tengo una planta eléctrica por los apagones. Pero me siento muy sola. Cada noche pido a Dios que las cosas cambien. No creo que mi familia regrese”. Cuba se apaga.
Foto: Tomada de Cibercuba.


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