Una botella de agua

Esa foto que en 1959, Gilberto Ante, un fotógrafo olvidado (I) le hizo a Fidel Castro la escogí por la botella de agua mineral El Copey, porque me da pie para contar una breve historia.

El Copey era -y debe seguir siendo- el nombre de un manantial en Madruga, municipio de la actual provincia Mayabeque, a unos 70 kilómetros de La Habana. Ya a finales del siglo XIX, sus aguas eran reconocidas como las mejores de Cuba, por sus propiedades minero-medicinales. En la década de 1920, personajes del mundo de la política y la cultura acudían a Madruga para bañarse en las casetas del balneario. El número de visitantes en busca de las curativas aguas aumentó considerablemente después de la construcción de la Carretera Central, entre 1927 y 1931 bajo el gobierno de Gerardo Machado.

La zona montañosa conocida por Alturas de Bejucal Madruga Limonar es rica en manantiales. Y aunque la calidad de las aguas de Madruga tenían fama desde la época de la esclavitud, no fue hasta hace poco, que las autoridades se ‘cayeron de la mata’ y decidieron envasar y comercializar agua mineral con la marca El Copey.

Según una nota publicada en DTCuba, “el producto procede de los manantiales de igual nombre, localizados en el municipio de Madruga. Por su composición, las aguas están clasificadas como bicarbonatadas, magnésicas y cálcicas sulfurosas, utilizadas además para tratamientos digestivos en el balneario La Paila. Actualmente, el producto de El Copey se distribuye en botellones de 19 litros y botellas de dos litros para su venta en el sector turístico y las tiendas que operan en moneda convertible”.

El escritor cubano Norberto Fuentes en su blog Libreta de Apuntes, escribió que Ernst Hemingway en su mesa-bar tenía “seis botellas de agua mineral efervescente El Copey, envasadas en Madruga, La Habana; una botella de scotch White Horse; una botella de ginebra Gordon’s; seis botellas de Schweppes Indian Tonic; una botella de ron Bacardí; una botella de scotch Old Forester: una botella de vermut Cinzano, y una de champán, sin etiqueta”.

Antes de 1959, el agua mineral más famosa en la capital, era la de los manantiales La Cotorra, en Guanabacoa. En el resto del país había otras marcas: San Miguel, en Matanzas: Lobatón, en Camajuaní, Las Villas, y San Rafael y Valle del Maisí, en Santiago de Cuba. Después, las aguas minerales más ‘populares’, para turistas, extranjeros y cubanos con divisas, eran Ciego Montero, de Palmira, Cienfuegos, y Los Portales, de Guane, Pinar del Río.


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