Números de mal agüero

26-6-76 no es una fecha. Tampoco son mis números de suerte. Eran los números con los cuales un oficial tosco, con una complexión adquirida gracias a muchas horas en el gimnasio, me llamaba con voz de trueno a la puerta tapiada de una celda de Villa Marista, sede de la policía política cubana.

Cómo olvidar esos 16 días tras las rejas, acusado de propaganda enemiga, en marzo de 1991. Los fatídicos guarismos, me vinieron a la mente cuando hace un par de semanas en la lotería ilegal de la isla, conocida como “la bolita”, salieron de premios los tres números, en el mismo orden.

Le pregunté al viejo Arsenio, recogedor de bolita en el barrio donde vivo, si alguien se sacó algo con el 26, el fijo y los dos corridos 6 y 76. “Nada, no hubo na’ pa’ nadie”, me dijo Arsenio con su criolla manera de expresarse.

No juego a la bolita, pero al “bolitero” le conté el significado que tenían esos números para mí y muy serio me señaló: “A partir de ahora, le pondré dinero por lo menos seis meses, los números suelen repetirse”.

Reí y le respondí que no era culpable si perdía su dinero, y los números no salían. “Yo te voy a hacer un cuento, cuando te diga, coge Iván, estos mil pesos de regalo”, contestó Arsenio muy seguro.

Un viejo dicho cubano dice que ‘la lotería es la esperanza de los pobres’. Siempre fue así.

De cualquier manera no voy a seguir el consejo de Arsenio, de ponerle dinero por un tiempo al 26-6-76.

Aunque ganara, ese dinero no me traería gratos recuerdos. Si salen los escalofriantes dígitos —al menos para mí— prefiero que el viejo bolitero obtenga el dinero. Si algo me regala, bien. Gracias.

Foto: 1954. Vendedor de billetes de lotería durante un juego en el antiguo Stadium del Cerro. Mark Kauffman, revista Life.


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