Lawton se llama una ciudad de Oklahoma, Estados Unidos. Y Lawton también se denomina un barrio de La Habana.
El Lawton nuestro es uno de los barrios habaneros con más elevaciones, por eso aunque caigan fuertes aguaceros, nunca se inunda. Pertenece al municipio 10 de Octubre, el más poblado del país, con unos 214 mil habitantes.
Se dice que a unos 6 kilómetros del centro de la capital, se encontraba la finca de Don Fernando Batista. Hacia mediados del siglo 18, su secretario personal, de apellido Lawton, lo convenció para que vendiera sus terrenos a la compañía de ferrocarril. Con la comisión que ganó adquirió terrenos que colindan con la actual Calle B.
De 1849 a 1864 fue autorizada la urbanización de diez repartos, por ese entonces conocidos como Barrio de Concha. Entre ellos estaba Lawton, que en 1859 se inscribió como Reparto Ferrer. Para los años iníciales del siglo XX, aquellos terrenos que había comprado el pícaro Lawton, secretario de Don Fernando, adquirieron un valor inusitado debido al trazado diseñado por la compañía de tranvías.
En la década de 1920, en lo que después fuera el paradero de ómnibus de Lawton, se funda la empresa de tranvías de La Habana. En la década de 1940, la zona prosperó con la construcción de la Avenida Dolores, que parte en dos el populoso y amplio barrio. Las casas eran de pisos bajos y estilo ecléctico. Entonces, Lawton era un mosaico abigarrado de viviendas donde convivían obreros, bodegueros, pequeños empresarios y un sector de clase media en las alturas del reparto Vista Alegre o del Quinto Distrito.
Camilo Cienfuegos, uno de los comandantes de la guerrilla de Fidel Castro, fallecido en un sospechoso accidente de aviación en octubre de 1959, era de Lawton. Su hogar es hoy un museo. Entre los ‘lawtoneros’ ilustres se encuentran el periodista Ciro Bianchi y el disidente Oscar Elías Biscet.
Al igual que el resto de distritos habaneros, tras la llegada del huracán verde olivo, Lawton ha pagado factura por la desidia y el descuido estatal en el mantenimiento de sus edificaciones. Sus aceras y calles están repletas de huecos, baches y basura. Y debido a grandes salideros en las cañerías, el agua se pierde sin llegar al grifo. Las carencias habitacionales, que afectan a todo el país, han provocado un auténtico caos urbanístico.
Ya muchas fachadas perdieron su diseño original. Los amplios ventanales de madera o hierro forjado han sido sustituidos por impresentables ventanas de aluminio, toscamente confeccionadas por herreros privados, a veces sin cristales, lo que convierte a muchos domicilios de Lawton en Frankesteins arquitectónicos.
No es una barriada turística. No tiene hoteles, restaurantes, discotecas y centros nocturnos de calibre.
Como todas las barriadas capitalinas, Lawton tuvo locos célebres. Uno de ellos era Pedrito, que imitaba a los salseros de moda y murió de beber en exceso ‘chispa de tren’, un alcohol apto para piratas. Otro, El ruso, viejo ex presidario extraditado desde Estados Unidos que iba de puerta en puerta pidiendo comida o dinero a cambio de enseñarte a hablar inglés. Hubo también dementes antigubernamentales. Germán, antiguo policía de Batista, andaba con una carreta cargadas de piedras y a toda voz gritaba insultos contra los hermanos Castro.
Para los jóvenes, los “héroes” son los dueños de los ‘burles’ (casinos ilegales de juegos), los proxenetas y las jineteras que regresan de Roma o Madrid cargadas de euros y pacotillas. En sus buenos tiempos, en Lawton por las noches se hablaba de béisbol y de fútbol, mientras se jugaba dominó en short, camiseta y chancletas hasta altas horas de la madrugada. Casi siempre se hacía ‘una vaca’ (colecta) para comprar una botella de ron.
Costumbres muy distintas a la de los residentes del otro Lawton, el de Oklahoma. Y que en lo único que coinciden es en el nombre, con un mismo origen.
Foto: Roberto Lam, Panoramio. En la esquina de las avenidas Acosta y Porvenir, estuvo un regimiento militar, conocido como el Quinto Distrito. Actualmente allí radica el Instituto Politécnico Hermanos Gómez.


Dejar un comentario