El Turquino de los Alpes

En el corazón de los Alpes suizos, en Zermatt, localidad perteneciente al cantón franco-alemán de Valais o Wallis (en alemán), un cubano construyó una casa de tres plantas con la arquitectura típica de la zona. Lo que la diferencia es el nombre: Chalet Turquino, del cual pueden verse numerosas fotos en la plataforma Booking.

Jean Claude Abreu Bretteville
Jean Claude Abreu Bretteville

De Jean Claude Abreu Bretteville (París 1922-2006), se dice que fue culto, millonario, publicista, musicólogo, coleccionista y mecenas. Pero más que todo eso fue un hombre verdaderamente multifacético, cultivador de las más variadas aficiones, desde el jazz hasta la relojería, pasando por las carreras de Fórmula Uno y el cuidado de la naturaleza.

Perteneció a una de las familias más ilustres y patrióticas de la provincia de Santa Clara, en el centro de la isla, entre las que sobresalieron su tía Marta Abreu Arencibia y Rosalía, hermana de Marta, y abuela paterna de Jean Claude. Otra tía suya, Rosalía Sánchez Abreu, apodada Lilita Abreu, también tuvo méritos propios, opacados por sus romances con personalidades de la época, el más sonado con Saint-John Perse, seudónimo del poeta francés Alexis Léger, Premio Nobel de Literatura en 1960.

El padre de Jean Claude fue Pierre Sánchez Abreu (París ?-La Habana 1952), y su madre Simonne Marguerite Madeleine Anne Tchamitch-Bretteville, francesa de origen armenio-judío, murió a los 43 años en el campo de concentración de Ravensbruck, Alemania, el 9 de marzo de 1945, dos meses antes de terminar la Segunda Guerra Mundial. Sus padres tuvieron otro hijo, Jacques Philippe Abreu Breteville (París 1923-1990).

Del primer matrimonio de Jean Claude con la aristócrata estadounidense Maria Sargent Ladd nacieron tres hijos: Natalie, Elise y Miguel, éste último propietario de una galería en Nueva York. Cuando Jean Claude se fue un tiempo a vivir a Cuba, en los años 50, ya había terminado estudios en la École des Roches y en Harvard, donde se especializó en ciencias.

En La Habana viviría en la espléndida mansión que su abuela Rosalía Abreu construyera en la barriada de Palatino, más conocida por Finca de los Monos: en ella llegaron a habitar decenas de especies exóticas de simios. En la antigua Quinta de Palatino actualmente radica un centro recreativo estatal.

Sus estancias habaneras Jean Claude las alternaba con viajes a Europa e inesperados oficios, entre ellos, traductor simultáneo de la UNESCO durante seis meses en Ciudad México. En 1952 hereda grandes extensiones de tierra en las afueras de La Habana y se vuelca en su mejoramiento y desarrollo. En esas labores se encuentra cuando en 1959 llegó el ‘comandante’ y no solo mandó a parar: comenzó a destruir la Isla. Poco después sus tierras son expropiadas y decide marcharse definitivamente de la patria de sus antepasados.

En 1960 se establece en Zermatt, donde en 1956 había comenzado a construir una residencia con vistas a una de las más emblemáticas montañas de los Alpes suizos, la Matterhorn o Monte Cervino en italiano. Ese hecho debe haber motivado a Jean Claude a perpetuar en el paraje helvético el nombre de la más alta elevación de Cuba, el Pico Turquino, el cual, a diferencia de aquellas nevadas montañas, se caracteriza por su perenne verdor.

Aunque pidió permanecer en el anonimato después de su muerte, el nombre y la obra de este cubano universal se ha ido conociendo. En 2009, en el Centro de Arte Contemporáneo Medinaceli, en Soria, España, le dedicaron una exposición. La prepararon nueve jóvenes artistas cubanos de las dos orillas. El tipo de homenaje que Jean Claude Abreu Bretteville se merece.


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