Teníamos República

El Capitolio Nacional, situado en el Kilómetro Cero de La Habana, recuperó su esplendor el 30 de agosto de 2019. Las alas norte y sur fueron remozadas con esmero. Decenas de operarios colocaron láminas doradas compradas en Rusia en su enorme cúpula central de 91 metros de altura.

La aburrida y monocorde Asamblea Nacional del Poder Popular, única en el mundo que no elabora leyes y solo aprueba por unanimidad las normativas que bajan desde el ejecutivo autocrático, ya ocupa varias oficinas en el Capitolio. La otrora Cámara del Senado y de Representantes funcionará como sede de la Asamblea Nacional, aunque tendrán que recortar la abultada nómina de parlamentarios, pues el hemiciclo de la Cámara de Representantes solo contaba con 200 asientos y el Senado 154 y actualmente el número de diputados es de 470.

Eusebio Leal (1942-2020), el historiador de la ciudad que se caracterizaba por su oratoria exuberante, era un personaje contradictorio. Los residentes de la Habana Vieja aprobaban su gestión en la recuperación de obras históricas y apertura de nuevos espacios públicos, mientras sus adversarios lo tildaban de tracatán educado. Pero ha sido Leal el factor principal que además del maquillaje dado a un trozo de la zona colonial, ha influido en la recuperación de la memoria histórica de la capital en todos sus aspectos: desde la urbanística hasta la republicana.

Una fuente cercana al historiador contaba que el hecho de que el Capitolio volviera a ser sede parlamentaria, fue un premio a la tenacidad de Eusebio, quien con angustia observaba el deterioro del inmueble. Es cierto que la renovación de ese epicentro geográfico de La Habana ha intentado ocultar la miseria a su alrededor así como el derribo de desvencijados edificios vecinales para sustituirlos por hoteles de lujo.

Según conocedores del tema, Eusebio Leal, de puntilla, intentaba introducir el reconocimiento al Día de la República, una fecha borrada de un manotazo por Fidel Castro. Algún que otro historiador oficial, hablando con la boca pequeña o publicando un artículo en páginas interiores de medios intelectuales, han reconocido ciertas virtudes del 20 de mayo y su primer presidente Don Tomás Estrada Palma.

Pero todavía la descomunal maquinaria propagandística del Partido Comunista ignora la instauración de la República el 20 de mayo de 1902. Al preguntarle a Odalys, empleada bancaria, 29 años, si conoce el significado de ese día, responde: “No, no sé qué pasó. Es que son tantas las fechas que se celebran que uno se vuelve loca.”

Tres estudiantes sentados en un parque de la barriada habanera de La Víbora, dicen que para ellos la fecha más importante de Cuba es el 1 de enero de 1959, cuando triunfó la revolución. “Luego le siguen por importancia el asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953; el 2 de diciembre de 1956, desembarco del yate Granma; el 8 de octubre de 1967, cuando mataron al Che, y el 10 de octubre de 1868, comienzo de la guerra para independizarnos de España”, explica Daniel, alumno de 12 grado. ¿Y el 20 de mayo de 1902?, le pregunto. “Ah, sí, pero esa no es importante. Fue cuando surgió la república mediatizada”, contesta Daniel.

Como si fuera un reflejo condicionado, cuando usted habla con personas nacidas después de la llegada al poder de Fidel Castro en enero de 1959, la inmensa mayoría desconoce o minimiza el significado del 20 de mayo. Ernesto, habanero residente en Hialeah, confiesa que en su primer 20 de mayo en Miami fue que supo de la importancia de esa efemérides. “Allá casi todos los cubanos colocan banderas en las fachadas de sus casas y en los carros. Los medios publican recuentos históricos. Pero en Cuba casi nadie sabe lo que pasó ese día.”

Ciento veinticuatro años después, no quedan testigos vivos de aquella mañana de sol brillante cuando el Generalísimo Máximo Gómez izó la bandera de la estrella solitaria en el Castillo de los Tres Reyes del Morro. En una nota en Diario Las Américas, el colega Jesús Hernández contaba que “la fecha escogida fue el 20 de mayo por ser el día posterior al 19, cuando el Apóstol de la Independencia, José Martí, murió en combate, para cumplir con aquello de muere un hombre, nace una nación”.

“Entonces, el antiguo Palacio de los Capitanes Generales, en La Habana, sitial de los 65 capitanes generales españoles que gobernaron a Cuba, acogió a distinguidos visitantes, embajadores y altos oficiales del Ejército Libertador para presenciar el nacimiento de la República. Nadie imaginó el 20 de mayo de 1902 que un siglo después de haberse establecido la República, los cubanos tendrían que seguir luchando por sus derechos cívicos y humanos. Y es que la desdicha que Cuba sufre hoy no es superior o menor a la que el país confrontó antes, pero el presente que se vive duele más que el pasado”, relataba Jesús Hernández.

La historiografía oficial en la Isla ha querido ignorar nuestro día de la independencia. Sepultar años con políticas más o menos erradas, dos dictadores por el camino y no pocas desigualdades, pero con un crecimiento económico impresionante, una Carta Magna democrática y una capital entre la más hermosa de América.

Cientos de empresarios cubanos fundaron negocios boyantes. Una legión de arquitectos, médicos, pedagogos, científicos y abogados sobresalían en sus respectivas profesiones. La música cubana vivió su década de oro. Benny Moré alegraba el Alí Bar, la Lupe encendía La Red, Bebo Valdés, el caballón, acompañaba al piano a Nat King Cole en Tropicana mientras Freddy, una negra inmensa con voz de mezzosoprano, cantaba boleros en el bar Celeste.

La revolución de Fidel Castro demonizó el pasado. No era perfecto. Pero teníamos República.

Foto: Tomada de Diario Las Américas.


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