Cuba, del ‘hombre nuevo’ a la marginalidad

Cuarenta y nueve años después de liderar un batallón del ejército cubano en la región angoleña de Kuando Kubango, fronteriza con Namibia y Zambia, enfrentándose a guerrilleros de la UNITA de Jonás Savimbi, Julián, capitán retirado de la fuerzas armadas, espera a que entre el agua a la cuartería donde vive, en la barriada habanera de Luyanó.

Sentado en un taburete fuma un tabaco barato. En el cuello le cuelgan collares de cuentas verdes y blancas. Confiesa Julián que cuando leyó Metamorfosis, del escritor checo Frank Kafka, fue que comprendió de golpe la abrumadora capacidad de manipulación de las instituciones en Cuba. Hasta ese momento, Fidel Castro era su Dios. Y la antigua URSS el Espíritu Santo. La primera vez que visitó Moscú, sin deshacer su maleta, tomó el metro y con otros ‘compañeros’ fue a visitar el mausoleo de Lenin en el Kremlin. He aquí su historia.

“Mi familia era muy pobre. Mi madre lavaba ropa pa’la calle y mi papá era un hombre-orquesta. Un día vendía periódicos y al siguiente era peón de albañilería. Cuando triunfó la revolución en 1959, muchos negros, mestizos y gente humilde, nos sentimos apoderados por el nuevo gobierno. Pasamos a ser dueños de la vivienda, aunque fuera un cuchitril en un solar, y nadie se preguntó por qué les quitaban las propiedades y negocios a familias que habían invertido su dinero para progresar. De un plumazo la burguesía pasó a ser enemigo de clase”-

“Para entender el proceso revolucionario y el magnetismo de Fidel hay que conocer cómo manipuló al pueblo. Repartió lo que le quitó a los otros y dio visibilidad y sentido de pertenencia al sector más humilde de la sociedad. De la noche a la mañana, yo estaba estudiando artillería en una escuela militar en la URSS y dispuesto a dar mi vida en cualquier batalla de la geopolítica internacional sin conocer sus causas”

“Como casi todos los cubanos, fui a Angola de manera voluntaria, a participar en una guerra que no entendía. Años después fue que supe que la UNITA de Savimbi y el FNLA de Holden Roberto los financiaban los chinos, que eran tan comunistas, supuestamente, como nosotros. Lo peor de vivir engañado es lo que se sufre cuando te das cuentas. A la inversa de Gregor Samsa, me convertí de cucaracha a persona”

Julián siente que ha vivido lo suficiente “como para afirmar que el proceso revolucionario fue una auténtica estafa. La única duda que tengo es si fue planificado al detalle por Fidel o el contexto se le presentó de esa forma y aprovechó para apalancarse en el trono y manipular a la población, a las instituciones internacionales y diseñar un relato poderoso que todavía es un imán en buena parte del sector progresista mundial. La revolución cubana fue algo etéreo. La economía funcionó de regular a mal, dilapidando recursos y dinero, mientras fue subsidiada por la URSS y Venezuela. El sistema no es sostenible económicamente. Su poder radica en el control de toda la sociedad, la intimidación y la represión”.

El recurso de la violencia a los disidentes y a los que piensan diferente es una de las armas socorridas del régimen castrista. Utilizó a destajo la pena de muerte, largos años de cárcel y linchamientos verbales contra sus adversarios. El ‘enemigo’ lo mismo era el dueño de un central azucarero que un guerrillero anticomunista alzado en el macizo montañoso del Escambray, un opositor pacífico, un ciudadano que deseaba emigrar o un religioso. Cualquiera que intentara tener una voz independiente era un contrincante.

A partir de la década de 1960 y hasta finales de los 80, asevera el sociólogo Carlos, “la base popular para enfrentar a los supuestos enemigos de la revolución o simplemente al quien se saliera del guión escrito por los estamentos del poder, eran personas negras, mestizas o blancas de procedencia muy humilde. En los primeros años de la revolución fueron permisivos con robos y saqueos en propiedades privadas. Y en los actos de repudio a los cubanos que emigraron por el Mariel, además de insultos, se les permitió dar golpizas, lanzarles huevos y destrozar inmuebles”.

Según el sociólogo, “la violencia en la Isla va desde una amenaza abierta al miedo sutil. La gente se da cuenta enseguida. Existe una frontera invisible que los cubanos sabemos que no podemos traspasar. La censura funciona como un reloj suizo en el país. Últimamente, el miedo se ha ido perdiendo, en particular en las barrios más pobres de la Cuba profunda, en las cuales comenzaron a saltarse las reglas”.

Raquel, trabajadora social, considera que “en zonas marginales se consintieron ciertas ilegalidades, como la venta ilegal de cerveza, drogas y casas de juegos de apuesta. El gobierno pensaba que mientras no se entrometieran en asuntos políticos, no sería un problema y los dejaban hacer. La revolución nunca pudo erradicar las barriadas marginales. Al contrario, aumentaron. Si antes de 1959 existían en La Habana dos o tres bolsones de pobreza extrema, ahora hay más de un centenar de comunidades donde impera la violencia familiar y de género.”

La reyerta ocurrida el 8 de junio de 2024 en la Finca de los Monos, en el municipio Cerro, no fue un evento aislado. Cada vez que hay un bailable público en la Plaza Roja de La Víbora, en Diez de Octubre, o en Menocal, Arroyo Naranjo, o en La Tutelar de Guanabacoa, entre otros, ocurren broncas entre pandillas, heridos con armas blanca e incluso muertos.

En esas localidades, la mayoría de sus pobladores son negros, mestizos o proceden de familias de bajos ingresos que por lo general no reciben remesas y tienen menos oportunidades de ascender en la escala social.

“Los negros siempre hemos sido los más jodidos en Cuba, los que peores vivimos y pasamos más hambre y necesidades. Crecimos con el discurso adoctrinador de que en Estados Unidos a los negros los linchaba el Ku Klux Klan. Los negros cubanos también hemos sido los que menos hemos emigrado y son excepción los negros que son dueños de negocios. No fue hasta el periodo especial, en los 90, cuando los negros y mestizos comenzaron a emigrar de forma masiva”, expresa Julián, capitán jubilado.

Al tener menos dinero, sus posibilidades de ocio son limitadas. “No pueden alquilar un fin de semana en un hotel en Varadero. Ni tienen dólares para comer en un paladar o comprarse un par de tenis Nike. Desgraciadamente, la violencia a veces es una respuesta a sus necesidades materiales no cubiertas”, asegura Raquel, trabajadora social.

Esos barrios pobres son la cuna del jineterismo, el imparable consumo de drogas y el mercado informal.

Julián tiene un sobrino preso por las protestas del 11 y 12 de julio de 2021 y por eso afirma que los jóvenes de esas comunidades marginales “son los mismos que arman una bronca en la Finca de los Monos, salen a gritar Díaz-Canel singao, Patria y Vida o pintan carteles antigubernamentales. No tienen parientes en el exterior. Tienen que batirse aquí, en la caliente. Tienen conductas delincuenciales o están enganchados con las drogas. Se enrolan en la masonería, se hacen abakuás o ñáñigos como un modo de exaltar su hombría. Pero estoy convencido que los jóvenes de esos barrios serán los que van a generar el cambio en Cuba”.

¿Por qué lo cree?, le pregunto. Su respuesta es breve: “Son una mayoría”.

Foto: Pelea que en la playa de Guanabo dejó un muerto en julio de 2020. Tomada de Diario de Cuba.


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