Mi primera crónica en El Mundo

Desde las 8 de la noche había pequeños grupos al pie de la escalinata universitaria. Querían pasarlo bien. Como Luis, 21 años, que junto a su novia y un par de amigos, a falta de opciones recreativas, hizo un viaje de casi una hora desde el poblado de Santiago de las Vegas, al sur de la Habana.

Todas las personas bohemias, que suelen pasar las noches por el Vedado, se dieron cita. Muchos apenas conocen al cantante franco-español Manu Chao, quien estuvo en La Habana hace tres años. El cubano Kelvis Ochoa, tiene algo más de pegada.

“Son dos horas, que uno bebe ron, baila y salta, te despeja de los problemas diarios, me da la mismo que sea Manu Chao o Juanes, el problema es disfrutar y ligar una chica, con un poco de suerte”, explica Jesús, 19 años, desempleado y que con un grupo de muchachos, con MP3 en los oídos, se pasaban constantemente música por los bluetooth de sus teléfonos móviles.

Poco le importaba a ellos que la influenza H1N1 acechara por los alrededores de la Universidad de La Habana. El gobierno ha reconocido 461 casos de infectados por la nueva gripe, y ya es un rumor imparable que tres escuelas de la barriada Nuevo Vedado han cerrado por el brote del virus.

Espectáculos como el de Juanes el 20 de septiembre en la Plaza de la Revolución, o éste de Manu Chao en la escalinata universitaria, son ideales para que el H1N1 con rapidez se propague. Era un recital de alto riesgo. Nadie llevaba mascarillas ni guantes desechables.

Los medios han tratado la pandemia con pinzas. Al parecer, no quieren despertar el pánico y no se informa que los hospitales están atestados y que, incluso, hay más fallecidos, además de las tres embarazadas oficialmente anunciadas por la televisión. Pero los jóvenes que se dieron cita en el recital estaban para el jolgorio. Y no les importaba la influenza ni el contagio.

La música rompió a las 9 y 6 minutos. Manu Chao, con gorra, camisa-pulóver y bermudas, puso la noche caliente. Las más de 10 mil personas se lo pasaron pipa. El concierto estaba dedicado al 42 aniversario de la muerte en Quebrada del Yuro, Bolivia, del mítico guerrillero argentino Ernesto Guevara.

Chao, devoto confeso del Che, cantó sus más sonados hits como “Vamos” y compartió escena con el trovador Adrián Berazaín y Kelvis Ochoa. La guinda fue la despedida, donde todos hicieron coro para cantar “Revolución”, de Ochoa. El audio cancaneó a ratos. Pero la gente no lo notó. Querían fiesta. Y Manu y su banda se las dió. Luego, al filo de las once de la noche, siguió el festejo en los parques de la calle G. Allí entre alcohol, sicotrópicos y música sicodélica muchos amanecieron.

Gente como Raúl, 23 años, con el pelo teñido de rubio, es de los que cree que el H1N1, es un cuento para asustar a los niños. Y el Che no es santo de su devoción, pero sirve de pretexto para romper sus vidas aburridas, y junto a sus amigos tomar cerveza y halar un gramo de coca. Mientras habla, desde un auto ruso marca Lada, a todo volumen sonaba una canción del argentino Fito Páez, cuya letra dice “prohibido, prohibir”.

La noche del 9 de octubre, fecha en que mataron al Che, se convirtió en una pachanga juvenil. Se olvidaron de la amenaza de la pandemia. De que no hay dinero y las despensas están vacías. Y que el futuro es un enigma.

A estos jóvenes no les importan las reflexiones de Fidel Castro en el periódico Granma. Ellos solo quieren divertirse. Y Manu Chao fue un buen pretexto.

Publicada el 11 de octubre de 2009 en El Mundo/América con el título Manu Chao le canta al Che.

Foto: Tomada de El Mundo.es


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