Devolver a Cuba a los niveles de 1958

No sabemos cuándo, cómo, ni quienes gobernarán en Cuba a partir del day after, pero todo indica que al fin “ya viene llegando” el fin (y valga el pleonasmo) del castrismo-comunismo, ahora sí, como lo cantamos una vez al ritmo de la memorable canción de Willy Chirino.

La involución cubana, que fue el nombre que siempre debió tener, desde el mismo Día de Año Nuevo de 1959 comenzó a retrotraer a Cuba atrás en el tiempo. Hoy muchos cubanos viven como en la Edad Media.

Lo que sí sabemos es que la dictadura castrista, encabezada por Raúl “El Cruel”, su familia y GAESA, está agonizando. Y, lejos de liberar las fuerzas productivas y aflojar la mano en la represión política, intenta controlar el colapso económico para “ir tirando” a ver si ocurre un milagro y logra sobrevivir.

A esa mafia depredadora no le importa que el pueblo pase hambre y muchos mueran de inanición, no tengan electricidad, medicamentos, etc, mientras ella se alimente bien, disponga de electricidad, gasolina, atención médica y muchos dólares a buen resguardo.

O sea, hay que derrocarla, o negociar con ella poniendo sobre la mesa una oferta que no pueda ser rechazada, apoyada con “ruido de sables” (amenaza militar). O luego de un primer ataque “quirúrgico” como aviso de la cosa va en serio. Digamos, la destrucción de los drones que se dice tiene.

Sobre un “acuerdo negociado y pacífico”, hace unos días Marco Rubio dijo: “Voy a ser sincero, la probabilidad de que eso ocurra, teniendo en cuenta con quién estamos tratando ahora mismo, no es muy alta”.

Efectivamente, pese a la presión sin precedentes de la Administración Trump no hay hasta ahora indicios de una posible fractura en la cúpula dictatorial para un acuerdo civilizado, y menos para un posible golpe de Estado interno. Cada vez es más evidente que hay que usar la fuerza.

Esta situación evoca lo ocurrido en 1898. El 22 de abril de ese año EEUU intervino en la Guerra de Independencia de Cuba con la anuencia del Ejército Libertador, y el 12 de agosto, tres meses después, España se rindió y llegaron a su fin 400 años de colonialismo en la Isla, último reducto de su otrora imperio colonial del Nuevo Mundo.

Pero dejemos estas disquisiciones y demos ya por hecho que la Administración Trump (no importa cómo) logró un cambio de régimen en La Habana, y que estamos en el day after, sin la involución revolucionaria.

Y consideremos al 31 de diciembre de 1958 como el nivel cero; es decir, la víspera del momento en que el país comenzó a ser destruido y la economía cubana satisfacía la demanda interna efectiva de bienes y servicios, o generaba los recursos financieros para importar lo necesario para cubrir la demanda no satisfecha nacionalmente.

Por supuesto, es imposible abarcar todo eso a la vez. Hoy me enfocaré solo en un detalle: el contraste entre los salarios y poder de consumo de los trabajadores cubanos en 1958 y en la actualidad.

Pero esta vez no examinando la relación precio-salario, por ejemplo, que hoy la canasta básica mensual de alimentos cuesta la suma de más de 12 salarios mínimos. Nos detendremos en el salario promedio antes y ahora.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el salario promedio de un obrero industrial en Cuba en 1958 era de 130 pesos mensuales, equivalentes a 130 dólares de 1958, pues la tasa de cambio entre ambas monedas era de 1×1, un dólar por cada peso cubano.

De entrada, un dólar de 1958 vale hoy 11.43 dólares, según el sitio web El Dinero en el Tiempo. Es decir, en 1958 el obrero cubano ganaba como promedio 1.486 dólares mensuales de hoy, equivalentes a casi un millón de pesos mensuales de hoy, exactamente 844.048 pesos, pues la tasa cambiaria hoy (28 de mayo de 2026), es de 568 pesos por un dólar.

Hoy el salario promedio de un obrero cubano es de unos 6.500 pesos, según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), equivalentes a 11.44 dólares en el mercado paralelo callejero.

Aclaro que la tasa oficial del Gobierno castrista es de 507 pesos por un dólar, pero eso no funciona. El Gobierno prácticamente no tiene dólares para vender. Por eso utilizo aquí la verdadera tasa cambiaria, la informal, de 568 pesos por un dólar, y que probablemente supere los 600×1 en junio o julio.

Al grano, el abuelo no “liberado del capitalismo” ganaba 130 veces más que su nieto “liberado”, haciendo hoy lo mismo. En cuanto al salario mínimo, hoy en Cuba es de 2.100 pesos, equivalentes a 3.69 dólares al mes. El último día de 1958 el salario mínimo era de 85 pesos-dólares, equivalentes a 85 dólares mensuales de entonces.

A propósito, en la Bolivia que el “Che” Guevara fue a “liberar” del capitalismo el salario mínimo es hoy de 469 dólares mensuales. O sea, el obrero boliviano “no liberado” gana 127 veces más que su colega cubano ya “liberado”.

En Uruguay hoy un trabajador gana como promedio 620 dólares mensuales. ¿Cuánto ganaría si los terroristas guevaristas llamados “tupamaros” en los años 60 y 70 hubiesen tomado el poder?

Otro detalle clave, desde su creación y puesta en circulación, en 1915, el peso cubano se mantuvo siempre a la par con el dólar, a 1×1. Durante 45 años, sin devaluarse nunca. Era una de las monedas más estables y seguras de América Latina. Convertible en dólares en cualquier banco en la Isla a 1×1. Quien tenía un peso en el bolsillo tenía un dólar.

Eso explica por qué en 1958 en Cuba se pagaban los más altos salarios de toda America Latina, y el país ocupaba el octavo lugar a nivel mundial. Y lo dice la OIT. El salario promedio de un trabajador industrial cubano hace 68 años era de seis dólares diarios, el octavo más alto del mundo, detrás de EEUU (16.80 dólares), Canadá (11.73), Suecia (8.10), Suiza (8.00), Nueva Zelanda (6.72), Dinamarca (6.46), y Noruega (6.10).

No solo eso, el salario promedio de los obreros agrícolas en Cuba era de tres dólares diarios, el séptimo mayor del planeta mundo, luego de Canadá (7.18 dólares), Nueva Zelanda (6.72), Australia (6.61), EEUU (6.80), Suecia (5.47), y Noruega (4.38). Todas son cifras de la OIT.

Otra gran ventaja con la paridad 1×1 peso-dólar era que los precios en Cuba y en EEUU eran similares. Estadísticas oficiales de ambos gobiernos revelan que en 1958 en Cuba y en EEUU un litro de leche costaba igualmente 20 centavos, y una lata de leche condensada, 20 centavos.

Una libra de carne de res de “palomilla” en Cuba costaba 30 centavos y en EEUU entre 45 y 50 centavos. Una bolsa de arroz Tío Ben (Uncle Ben en EEUU) de 14 onzas, costaba 19 centavos. Un pan de molde, 19 centavos; un galón de gasolina, 24 centavos; un sello de correo cuatro centavos.

Una Coca-Cola costaba cinco centavos. Una botella de cerveza en EEUU, 28 centavos, y en Cuba 20 centavos. El precio promedio de una entrada a un cine en EEUU y en Cuba oscilaba entre 40 y 80 centavos. Un par de zapatos como promedio en Cuba costaba entre cinco y diez pesos, lo mismo que en EEUU.

El pasaje en el ferry ida y vuelta de La Habana a Miami oscilaba entre 9.00 y 13.50 pesos o dólares por persona. Y por 30 dólares se podía llevar el automóvil. El ferry tenía capacidad para 500 pasajeros y 125 automóviles. Muchos en Miami compraban autos de uso casi nuevos por 300 dólares, y los usaban ellos, o los vendían en la Isla.

Y por dos dólares se entraba al Yankee Stadium a disfrutar un partido de los Yankees de New York contra los Red Sox de Boston, y disfrutar de los batazos de Mickey Mantle y Ted Williams.

Hasta aquí esta foto de solo un detallito que emergerá a partir del day after, en un país tan involucionado que hoy tiene un Producto Interno Bruto más bajo que el de Haití, según la mismísima CEPAL, que jamás quiso desenmascarar las trampeadas estadísticas que le enviaba La Habana.

Los cubanos queremos despertarnos ya con el notición de que ya el day after está al doblar de la esquina, o que ¡ya llegó!

Diario de Cuba, 31 de mayo de 2026.

Foto: Supermercado habanero antes de 1959. Tomada de Tus Noticias Cuba.


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