La India de Oriente y una décima popular

En 1999, la Virgin Records lanzó un CD titulado La India de Oriente, Luisa María Hernández. Creo que para un extranjero hispanoparlante, semejante título puede resultar desconcertante. Solo después de leer la información que acompaña al CD, nuestro asombrado e hipotético comprador descubrirá que en Cuba había una provincia llamada Oriente, donde, al parecer, nació Luisa María Hernández en 1920. De lo que nunca se enterará es que en nuestro país, llamado ‘indio’ a cierto fenotipo mestizo, de piel canela y pelo lacio, muy común en esa región.

Una vez repuesto de las sorpresas, nuestro comprador se dispone a escuchar música cubana, pone el disco, escucha las primeras canciones y es muy probable que, del desconcierto, pase al más desaforado asombro. Porque estamos ante una de las muestras más refinadas que ha producido el kitsch cubano.

Los títulos de las piezas incluidas son significativos: Traición a un sacrificio, Mil veces falsa, Ella es una más, No puedo perdonarte, Fue en la cantina, El penado arrepentido, Muchacha perdida, Calumniada, Soy la pecadora, Por borracho y parrandero y Burlada. Sólo la cuarta canción, Llamándote, de Alexis Brau, escapa a ese subgénero conocido como “bolero vitrolero”. Como el objetivo de esta nota no es el desconcierto, se impone una aclaración.

Durante la década del 40, se producen en Cuba dos fenómenos de gran importancia para la música popular: el desarrollo de la radio, con la proliferación de importantes emisoras, y la introducción de unas máquinas que permitían escuchar la música seleccionada, previo pago de una moneda. Fueron conocidas como vitrolas, por ser obra de la RCA Víctor, y eran indispensables en los incontables bares, prostíbulos y cantinas que había en el país.

Aquellos artilugios potenciaron, con el tiempo, unos bolerones poblados de malas mujeres, traiciones, venganzas, borracheras y llorosos destinos, salpicados todos con una ramplona filosofía vargasviliana, que hacían la delicia de los habituales. La radio, por su parte, permitió un género, la radionovela, que tuvo en Cuba su máximo desarrollo y cuya dramaturgia era cercana a la estética de los boleros vitroleros.

Las canciones seleccionadas en el CD que nos ocupa son una interesantísima muestra de ambos géneros, pues combinan lo más representativo del bolero, en cuestión, con una estructura narrativa proveniente de lo que ahora llamaríamos “culebrones” y que en aquella época se llamaban “novelas jaboneras”, por ser sus auspiciadores principales los fabricantes de detergentes y adminículos de limpieza. Por cierto, que en inglés conservan el nombre: soap operas.

Todas las canciones del disco tienen una estructura basada en tres personajes, que llamaremos “él”, “ella” y “el coro”. Los dos primeros asumen la voz de los personajes, mientras que “el coro” –conformado por el Trío La Rosa– en algunas ocasiones hace de narrador y en otras representa a uno de los protagonistas. “Ella” es siempre Luisa María Hernández, mientras “él” puede ser interpretado por la voz prima o por la segunda.

Veamos un ejemplo que, además, incluye una breve introducción hablada, lo que evidencia aún más su relación con la radio-novela. Se titula, faltaba más, El penado arrepentido y es obra de Walfrido Guevara, compositor de siete de las doce canciones incluidas y, al parecer, autor favorito de la cantante.

Según Humberto Corredor en las notas del disco “La Reina de la Guajira” (Caimán, 1985), Luisa María Hernández, conocida como La India de Oriente, había nacido en El Cobre, provincia de Oriente, Cuba, en fecha no determinada. Demuestra su inspiración por el canto desde su niñez, cuando cantaba las misas solemnes de la virgen de La Caridad del Cobre. Su talento se hace realidad cuando su padre le regala una guitarra e interpreta canciones populares de la época.

Al trasladarse la familia a Santiago de Cuba, tiene su primera experiencia en la emisora CMKC, donde canta los boleros “Tres palabras” y “Reflexión”, acompañada de la pianista Nene Valverde. Su éxito la lleva a la CMKW donde la acompaña el famoso Trío La Rosa. Pasan varios años y el sello Panart graba el éxito de esta reunión: “Contestación a Por seguir tus huellas”, su primer éxito en la isla y en el Caribe.

En La Habana, La India es contratada como artista exclusiva de los laboratorios Gravi para actuar en la RHC –Cadena Azul– en el programa “El madrugador”. Siguiendo más adelante con “Historia de Cuba a través de sus canciones” de Pablo Medina. También participa en “Tardes mexicanas”, con el Trío Torre Monterrey, donde cantaba melodías populares mexicanas.

En 1950 Gaspar Pumarejo la enlista en el repertorio artístico de Unión Radio interpretando guajiras y son montunos. Pasa luego a la televisión llevada por el mismo empresario. Prestigiosas agrupaciones, como la de Julio Gutiérrez y la Habana Casino, sirvieron de marco musical a sus interpretaciones, cantando a dúo con Barbarito Diez y en una oportunidad con Celia Cruz, en el Canal 6 en el programa “Jueves de Partagás”.

En 1960 emigra a Miami, donde permanece por espacio de tres años, pasando a Nueva York por 10 años más; durante ese período graba dos álbumes para el sello Gema: “Décimas y guajiras” y “Julio Gutiérrez y sus Guajiros”. De ahí La India regresa a Miami y a finales de los 70 hace una serie de grabaciones para Guajiro Records –filial de la Sar– con arreglos de Alfredo Valdés Jr. y para Caimán Records producidos por Juanito Márquez, lo cual lleva a la artista a una gran popularidad acompañada de giras por México, Colombia, Curazao y países africanos. También participó en grabaciones con la Sar All Stars.

Herencia Latina.

La India de Oriente

Sus últimos años, la India de Oriente los vivió en Miami bastante enferma y en completa soledad. A pesar del reguetón, la décima no ha muerto en Cuba. Hace unos años, se hizo famosa una décima recitada por una anciana cubana. Se desconoce si ella la compuso. Entonces, Fidel Castro aún estaba vivo. Como en Cuba todo ha ido empeorando, la letra mantiene actualidad:

La patria se encuentra en ruinas, ya lo dijo el comandante,
no hay alcohol ni luz brillante, petróleo ni gasolina.
Con la bicicleta china, muy poco se resolvió y ya en el 92 en vez de guaguas,
eran mulas con letreros en el culo de Guane a Batabanó.
Ya se acabó la luz brillante y no habrá leña ni carbón,
y dice este maricón, que 31 y palante.
No hay ser humano que aguante pues la comida es muy poca y si una gallina loca
pone un huevo equivocado, cuando llegas al mercado te dicen que no te toca.
En esta revolución hay muy poco desarrollo y el que no tenga jabón que no se lave el bollo,
y si se trata de jamón ese es un lenguaje nulo.
Si mal yo no calculo, si seguimos con Fidel,
no se va a encontrar papel ni para limpiarse el culo.
Fidel subió la bebida, subió el café y el tabaco,
y nos hemos puesto flacos porque bajó la comida.
Vamos llevando una vida con bastante desventaja
y hoy el hombre que trabaja no puede ni comerse un pollo.
Una mujer de color, vecina de Ceiba Mocha, dio la mitad de la chocha por tres panes de jabón y un poco de algodón,
enseñó una teta por un poco de manteca y por cuatro libras de arroz dio la chocha completa.
La cosa está, caballero, que a mí me tiene temblando
y echo de vez en cuando un palito callejero.


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