Fidel Castro odiaba La Habana

Fidel Castro y su banda de guerrilleros no sentían un ápice de aprecio hacia la capital de la isla.

Y poco han hecho por mantenerla como lo que siempre ha sido y aún es, pese a las ruinas y los desechos.

Una ciudad coqueta y bella, bañada por el mar y con una riquísima variedad arquitectónica.

Por el contrario. La saquearon y devastaron. Cual fiero ciclón tropical.

Los más recalcitrantes opositores a Castro están convencidos de que el nativo del villorrio de Birán, en la oriental provincia de Holguín, a unos 750 kilómetros al este de la capital, intencionadamente, destruyó La Habana.

Al margen de esa realidad, hay otra: la ineficacia de un sistema cerrado y con una perenne crisis económica.

A esto agreguemos que los principales líderes de la revolución, excepto Camilo Cienfuegos, muerto en un extraño accidente de aviación en octubre de 1959, no eran nacidos ni criados en La Habana.

Casi ningún comandante de verde olivo sentía demasiado amor por la otrora Villa de San Cristóbal, nombre recibido cuando fue fundada por Diego Velázquez, el 16 de noviembre de 1519.

Para los rebeldes, la urbe era un núcleo de corrupción, frivolidad y prostitución. Había que castigarla. Y desde el mismo momento que los barbudos pusieron sus botas en el asfalto habanero, la condenaron a ser paria.

La Habana actual es una mala caricatura de la esplendorosa metrópolis que fue. Cuando se ven luces, pinturas y arreglos, no es con el noble intento de salvarla. Es para crear postales turísticas dirigidas a visitantes foráneos.

El mérito de Eusebio Leal, historiador de la ciudad, cuando estuvo al frente de la restauración del casco histórico de La Habana —declarada Patrimonio de la Humanidad en 1982—, es haber rescatado un grupo de inmuebles, parte intrínseca de la historia local.

Es verdad que el objetivo principal ha sido para que los turistas puedan llevarse buenas fotos. Pero, al menos, ha logrado mantener limpias y reparadas antiguas barriadas coloniales, por donde todavía da gusto caminar.

Eusebio Leal fue más conocido por los habaneros que los dirigentes que tanto el partido y el gobierno provincial han nombrado como alcaldes o gobernadores de la capital.

Indefectiblemente, la reconstrucción de la capital acontecerá después que desaparezca el régimen castrista. Y para eso se preparan arquitectos, diseñadores, urbanistas y proyectistas de origen cubano residentes en Estados Unidos y otros países.

Los habaneros no tenemos recursos para restaurarla y pintarla por nuestra cuenta. Y los gobernantes encargados de esos menesteres no solo la han dejado huérfana, también destruida, sucia, pestilente, inundada de basura.

La Habana que siempre Fidel Castro odió hoy está a la deriva.

Foto: Fidel Castro en un balcón del Hotel Habana Hilton en 1959. Tomada de Cubadebate.


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