Nadie se acuerda de la ofensiva ideológica de 1999

Agustín, 20 años, estudiante del tercer año de Derecho en la Universidad de La Habana, es el típico modelo de la ambigüedad ideológica que se vive en Cuba en este fin de siglo.

Si se observa su forma de vestir de Agustín, a simple vista no se podría definir si es un rockero alternativo de Nueva York o un konsomol de la antigua URSS. Ni él mismo sabe. Usa una boina al estilo de Che Guevara, porque admira al guerrillero argentino, pero también viste jeans Made in USA y zapatillas deportivas Reebok. Completa su indumentaria un reloj Rolex, una cadena con una pequeña foto de Juan Pablo II y una camisa verde olivo, del mismo color que usa Fidel Castro, pero la del joven lleva la marca Benetton.

Su forma de pensar es tan ortodoxa como la de los miembros del buró político del PCC. “Estados Unidos es el engendro del mal, pero produce cosas muy buenas”. Para Agustín “Yugoslavia es una nación valiente porque resiste la invasión aérea de la OTAN, comandada por los gringos”. Pero no puede precisar donde está el país balcánico y confunde el nombre del dictador Milosevic con un futbolista que juega en la liga española.

-¿Y Castro?, le pregunto.

“Es un caballo. Pero últimamente está apretando demasiado.” Agustín reconoce que en los medios estudiantiles se ha desatado una ofensiva ideológica contra del consumismo capitalista. La prensa oficial se ha hecho eco de ella.

El periódico Juventud Rebelde puso en el asador el tema. Según JR, en las habitaciones donde duermen estudiantes universitarios y de bachillerato las paredes están repletas de marcas de los productos occidentales. La cuarentona y estilizada muñeca Barbie adorna la cama de las muchachas. Propagandas de Nestlé, Nissan, Adidas o carteles de los jonroneros estadounidenses y el astro brasileño de fútbol Ronaldo empapelan las paredes.

Ya el gobierno tomó cartas en el asunto. JR señaló que la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) está tratando de poner coto a ese “desvío ideológico”. Han sugerido que los estudiantes peguen ilustraciones de la revista Alma Mater, donde en cada edición aparecen retratos diferentes del ícono del la revolución Ernesto Che Guevara.

El periódico aprovecha para resaltar la pureza ideológica de alumnos de Historia y Marxismo, como Yoandri, quien, a pesar de las carencias, dice que hay cosas que “no son negociables” y le abre al periodista de Juventud Rebelde, un armario donde aparece un fotomontaje de paisajes cubanos y, al lado, la imagen omnipresente del Che.

A propósito del tema, en un sondeo a 32 estudiantes de niveles superiores, 30 dijeron que ejemplos como el de Yoandri es excepcional. Si le damos credibilidad a esos 30 estudiantes, la juventud está cansada del exceso de ideología. Los dos que no opinaron son militantes de la UJC.

Sin embargo, a los 32 les gusta ver filmes clase B de Hollywood, que venden violencia por arrobas. Veinte de los 32 encuestados se auto administran una buena dosis de opio electrónico siguiendo, tres veces por semana, los capítulos de la telenovela colombiana Café con aroma de mujer, con más poder de convocatoria que cualquier acto revolucionario. A 24 les encanta leer frivolidades, como le llaman las autoridades a los textos que apareen en las ‘revistas del corazón’, así como novelistas de Corín Tellado.

Los más serios también son “pecadores ideológicos” y admiten su preferencia por escritores proscritos por el régimen como Guillermo Cabrera Infante y Mario Vargas Llosa. Pese a las evidencias, el gobierno se niega a aceptar que la sociedad cubana hace rato dejó atrás su homogeneidad.

“La fe en el comunismo ha desaparecido por una causa simple”, afirma Roberto, estudiante de física. “En ningún libro de marxismo se dice que los comunistas tienen que ser pobres y vestirse como mendigos”. Roberto cree que esa imagen de ‘pureza’ es el saldo que ha dejado 70 años de propaganda comunista en la antigua URSS, y cuatro décadas de revolución castrista.

Jesús, 22 años, estudiante de medicina, considera que la campaña pronto se evaporará. “Son otros tiempos. Además, no se puede perder de vista que los estudiantes somos rebeldes por tradición y no vamos a aceptar, así como así, que los que nos dirigen vengan con la historia trillada de que le hacemos juego al enemigo”.

Y añade: “Los dirigentes cubanos se visten de guayabera cuando asisten a actos públicos, tratando de esa forma de vender autoridad y sacrificio, pero están gordos y barrigones, tienen la piel rosada, andan en buenos carros y viven en residencias repletas de equipos occidentales”.

Muchos jóvenes estudiantes no creen en la revolución. Los que todavía confían en ella son críticos severos y reclaman cambios para mejorar y transformar la sociedad. Es el caso de Héctor, 21 años, alumno de sistemas automatizados. “No veo nada malo en que los jóvenes deseen una mayor calidad de vida. No necesariamente una persona está desviada ideológicamente y se aparta de sus ideales socialistas porque se pone un Levi, le gusta una Barbie o sueña con tener algún día un Mercedes Benz o una moto Honda”.

Según Héctor pueden gustarle todo esos productos capitalistas “y espiritualmente identificarse con la izquierda, tener sed de justicia y admirar al Che Guevara”. Pero el gobierno de la isla tiene otros criterios.

Desea que se idolatre el mito del guerrillero heroico y se satanice a la Coca Cola y la Barbie.

Foto: Usar ropa con las barras y las estrellas es hoy normal en Cuba. Tomada de Cubaencuentro.

Cuba Free Press, 3 de junio de 1999.


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