El 18 de octubre de 1967, el fallecido dictador Fidel Castro pronunció un discurso en la llamada “plaza de la revolución” recordando al ‘serial killer’ Ernesto Guevara, caído en el poblado de La Higuera, en la selva boliviana, apenas diez días antes.
Castro lo describió como un hombre de ideas profundas y revolucionarias, un soldado de acción insustituible y un jefe militar brillante dispuesto a luchar contra el imperialismo dondequiera que fuera necesario. Aunque no estamos seguros, pero fue ahí donde convidó a las nuevas generaciones a ser como él. El tristemente famoso “Seremos como el Che”.
El diario español ABC publicó un artículo con opiniones de diversos analistas, historiadores y ex agentes de inteligencia del régimen, quienes llegaban a la supuesta conclusión de que Fidel Castro envió deliberadamente al argentino a Bolivia para deshacerse de él.
En 2013 un artículo de CNN, esta vez con una entrevista al cubano Felix Rodriguez, agente de la CIA y el hombre que estuvo con Guevara hasta el momento de su muerte, redundaba en el mismo argumento.
Esta teoría sugiere que las posturas radicales del Che y sus críticas a la Unión Soviética (en una época en la que Cuba dependía económicamente de Moscú) incomodaban al gobierno de La Habana.
De todas las teorías, esta ha sido la más aceptada, ya que no se entiende que una misión de este calibre haya adolecido de vitales recursos y suministros, apoyo logístico e incluso refuerzos, que eventualmente facilitaron el cerco y la posterior captura por parte del ejército boliviano.
Más allá de todo esto, sea cierto o no, ¿cómo se explica que una vez terminado aquel “sentido discurso”, Castro haya partido directamente hacia la Ciudad Deportiva, en la avenida Boyeros, para jugar un partido pendiente de baloncesto con la selección de Cuba que asistiría a los Juegos Olímpicos de Mexico 68?
¿Cómo alguien que ha despedido el duelo de un amigo, de uno de sus hombres más allegados en la Sierra Maestra que acaba de morir en Bolivia, puede tener ánimo de irse a divertir practicando deportes?
.jpg)
Esta anécdota la cuenta un hombre que estuvo muy cerca de Castro, el escritor y periodista Norberto Fuentes, que consiguió escapar de sus garras. Les dejamos el fragmento y juzgue usted.
Pocos saben, no obstante, que luego de terminada esa dramática, desconsolada alocución, Fidel se dirigió al tabloncillo de básket de la principal instalación deportiva del país, la Ciudad Deportiva -que previamente, como corresponde, se hallaba bajo el control total de la Seguridad y con el acceso bloqueado a toda la población o posible curioso. En el equipo de Fidel, esa noche, jugaron José M. Miyar Barruecos (Chomy, su secretario), el mismo José Llanusa, presidente del INDER, el comandante Jorge Serguera (Papito), Fabio Ruiz y Teodoro Pérez, funcionarios del INDER y ‘Risita’ Quintero, entrenador del equipo Cuba.
Los contrincantes eran los miembros del equipo Cuba, que se entrenaba para las olimpiadas, con sus muy precisas instrucciones de jugar con Fidel al suave, pero sin que él se percatara. Raúl Castro estaba en el público, y otras personas, no más de cincuenta en total. El peor momento del trabajo de árbitro de Oscar Peña, casi un adolescente, fue cantarle un foul a Fidel, por lo que el jefe de la Revolución estuvo rebatiéndole un largo rato.
Después la mano de Llanusa volvió a posarse en el hombro del afligido Peña. “No te preocupes por eso. Él lo hace para coger aire”. Peña estaba en Miami, exiliado, en 1999, y localizable, podía dar testimonio de este epílogo de las honras fúnebres del Che.
Antes de caer en desgracia en el Caso Padilla, Norberto Fuentes, periodista de Hoy, Mella, Granma y Cuba Internacional, recibió las medallas de Combatiente Internacionalista de Primera Clase y la de Servicio Distinguido de las Fuerza Armadas Revolucionarias por misiones en África. En 1988 acompañó a la delegación cubana que negoció los acuerdos de paz en ese continente, junto con los gobiernos de Angola, Sudáfrica, Estados Unidos y la Unión Soviética. Su rompimiento definitivo con el régimen fue a raíz del fusilamiento el 13 de julio de 1989 del general Arnaldo Ochoa, su gran amigo.
Texto y fotos: Maldita Hemeroteca, 10 de junio de 2026.


Dejar un comentario