Cansado de pedalear mientras asciende por un tramo empinado de la antigua Calzada de Jesús del Monte, al sur de La Habana, William, vendedor clandestino de helados caseros, se baja de su bicicleta, la apoya en una columna y comienza a pregonar: “Oferta especial, prueba el helado antes de comprarlo. Sabores de piña, mango y chocolate por solo 250 cpesos. Dimeee que me voy”.
En el portal de la acera de enfrente, a la entrada de un bodegón privado, una señora pregunta: “¿Estará bueno el helado? Con estos calores no me vendría mal algo refrescante”. Una muchacha le aclara que “por ese precio no está mal. Aquí -y con la mirada señala el mercado de alimentos- un pote de helado cuesta 1,600 pesos”.
Otras personas dudan en comprarlo: “¿De dónde sacará la leche, un kilogramo de leche en polvo cuesta 5 mil pesos? Además con los apagones es imposible que ese helado pueda estar congelado”.
Un anciano comenta que los “chinos, antes de que llegará el desastre (Fidel Castro) hacían los helados con agua y eran riquísimos”. La señora hace un gesto con su mano y el vendedor de helado cruza la calle.
Pasado el mediodía, esas personas se suelen reunir en el portal del bodegón a esperar que el bolitero del barrio de la ilegal bolita (lotería), ‘cante’ los números de la charada vespertina. Cuando llega, se agrupan a su alrededor. “Canta, gago, a ver si te rompo miles de pesos”, comenta con ironía el dueño del mercado.
“Ocho, cincuenta y seis y noventa y tres. No tocó na, pa’ nadie”, grita el bolitero. Y abre una pequeña agenda para anotar las nuevas apuestas. El vendedor de helados se lamenta: “Coño, tuve una premonición, pero como soy caprichoso, mantuve mi jugada. Caballero, que el futuro difunto no es el 64, muerto grande era el hermano, su cábala es el ocho, muerto chiquito. No caímos en cuenta”.
Los jugadores asienten y razonan. “Es que en la charada cada número tiene varios significados. Jugué todos los números que representaban cementerios, también el 45, porque fue presidente y el 63, que es bandido”, explica un señor canoso. Otro afirma que el “tiro de la charada vino por el home: más claro ni el agua. No supe interpretar el actual escenario. Ocho, es muerto sin tanta importancia, 93, que también es revolución, la pesadilla que estamos viviendo y 56, escorpión, ya saben, el tiempo es siniestro”.
Un empleado del bodegón afirma que “en la bolita hay que ser constante si tienes tus cábalas. Yo sigo apostando al 47, 49 y el 55, cangrejo, pues tiene pinta de ser el sucesor”.
En la última semana se han desatado innumerables rumores sobre la posible muerte del dictador Raúl Castro. El 1 de septiembre, una noticia de Iliana Lavastida, directora de Diario Las Américas, titulada “Raúl Castro no ha muerto, está gravemente enfermo”, se esparció como la pólvora.
En La Habana, como ya es habitual, enseguida empezaron a circular diferentes versiones. El chofer de un triciclo eléctrico, aseguraba que el narra (chino, en referencia a Raúl Castro), ya se había ido del aire. “Una amiga de mi esposa que es enfermera del CIMEQ se lo dijo. Ahora lo que estás preparando son las honras fúnebres en el II Frente de la Sierra Maestra”.
Fermín, vendedor ambulante, denunciaba que “los Castro han destrozado al país. Hemos retrocedido a la etapa primitiva. Dividieron las familias en nombre de una ideología y sancionaron a prisión por ‘enriquecimiento ilícito’ a los que ganaban mucho dinero mientras ellos y sus familias vivían como marajás. Se han burlado del pueblo cubano. Ya el daño está hecho”.
En la noche del sábado 5 de septiembre, cuatro después que se publicara la información en DLA, el noticiero de televisión difundía imágenes de Raúl Castro en un acto por el 65 aniversario de la Dirección de Seguridad Personal del Ministerio del Interior. Sergio, licenciado en ciencias políticas, opina que “debido a la enmarañada estructura de corte militar en Cuba, donde existe una minuciosa compartimentación de información sensible, las filtraciones al más alto nivel no son frecuentes. El estado de salud de Raúl es uno de los secretos mejor guardados en Cuba. La interrogante no es si la muerte del ex presidente sucederá a corto o mediano plazo. Lo verdaderamente importante es cuál será el próximo escenario. Hay diversas variantes”.
“La primera, el país mantiene el actual status quo. Después de diez días de duelo nacional se convoca a un diálogo nacional y se implementa un plebiscito donde los ciudadanos elijan el sistema político y modelo de país que quieren. Esa transición puede demorar dos años. El segundo escenario es que diferentes facciones se enfrenten entre ellos por el poder. No se descarta un estallido social. Las interrogantes van desde una transición pacífica a la democracia, una intervención militar de Estados Unidos y continuidad ideológica hasta un gobierno tutelado por la Casa Blanca y una guerra civil fratricida”, concluye Sergio.
Aunque la presunta enfermedad cerebro vascular de Raúl Castro fue un tema que se debatió por toda la isla, la prioridad de los cubanos sigue siendo llevar un plato de comida a la mesa en medio de prolongados apagones, escasez de agua y una nueva ola inflacionaria que ha duplicado el precio de los alimentos básicos.
Los habaneros, que hasta octubre de 2025 sufrieron con menos rigor los apagones, han visto cómo en los últimos once meses los cortes de electricidad rondan las 30 horas diarias.
Juan Manuel, jubilado 65 años, en el balcón de su apartamento se encuentra escuchando emisoras de onda corta. No le avergüenza confesar que apoyó a la revolución. “Pero con la apertura de internet comencé a leer informaciones que antes desconocía. Me sentí estafado. Mientras la mayoría del pueblo vive en la más absoluta pobreza, los funcionarios importantes del gobierno y sus familiares se han convertido en los dueños del país”.
“Una imagen vale más que mil palabras. Y las fotos de dirigentes con esos barrigones y ropas de marcas evidencian su opulencia. La revolución se acabó en 1989, cuando fusilaron a Ochoa. Desde entonces hasta hoy lo que ha ocurido es una piñata para apropiarse de los recursos de la nación. Y al final descubrimos que su sueño es que los americanos regresen y reconstruyan Cuba, con ellos en el trono”.
Se ha vuelto normal que en buena parte de La Habana la oscuridad sea casi absoluta. Las principales arterias están apagadas. Solo algunos negocios privados se mantienen alumbrados con plantas eléctricas o de gas.
En la capital no todos sufren por igual los apagones. Hace poco, si pasabas por la antigua Quinta de Los Molinos, en la avenida Carlos III y otrora residencia del General independentista Máximo Gómez, veías un derroche de luz. En la entrada, empleados de seguridad privada solicitaban la invitación a los asistentes a una fiesta organizada por el dueño del bar KingBar, en 23 entre D y E, Vedado.
“No es gratis, hay que pagar 2 mil pesos”, aclara una joven. Muchos asistentes llegan en motos o autos modernos recién importados de Estados Unidos. Visten a la moda y el olor de perfumes caros se huele a lo lejos. “El ambiente es bueno. Suele venir gente adinerada que le gusta relajarse en un entorno seguro. Hoy han organizado una actividad en la piscina. Comienza a las diez de la noche y termina a las ocho o nueve de la mañana”, cuenta un barman contratado.
El trago más barato vale 3 mil pesos, la mitad del salario de un profesional. Una cerveza, más de mil pesos. Un entremés de jamón y queso, 6 mil pesos. Y 3,700 pesos un plato con cinco croquetas caseras, según anuncia el menú. “Si vienes solo necesitas el equivalente a 50 o 60 dólares. Pero lo ideal es tener una tabla -cien usd- para no sufrir agobios”, expresa Jairon, vendedor de celulares importados de Panamá.
Yanira, quien se gana la vida vendiendo ropa de Shein, considera que “Cuba se ha convertido en un país triste con un montón de personas pasando hambre o recogiendo sobras de la basura. Vengo a sitios como este, donde no se va la luz, para escapar un rato de la mediocridad y la oscuridad”.
Camila y Serguey, una pareja de novios, quieren dejar claro que “vacilar en estos lugares no te convierte en chivatón o partidario del gobierno. Es cierto que suelen asistir dueños de negocios, parientes y testaferros de los que mandan en Cuba y tienen un baro largo (dinero). Pero el resto viene a pasar un buen rato”.
Un conocido pasa por su lado y Serguey le pregunta: “¿Ya se fue del parque (falleció) el canallón?”. “No, apareció en la televisión, pero no habló. A lo mejor era un doble”, le responde. “Bueno, da igual, si no se muere hoy, se muere mañana. Nadie es eterno”, subraya Serguey y se toma un trago de Cuba Libre.
Diario Las Américas, 7 de septiembre de 2026.
Foto: Raúl Castro, detrás su nieto Raúl Guillermo Rodríguez, alias El Cangrejo y a la derecha el general de brigada Lázaro Alberto Álvarez Casas, ministro del Interior.
Publicado originalmente en Diario de las Américas.


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