El titular de la agencia EFE del 8 de marzo de 2013, decía: Yoani Sánchez, disidente cubana y bloguera sin acceso a internet. Bueno, lo de disidente lo ha añadido el periodista, porque ella misma dice que no es disidente. Entre otras autodefiniciones, se considera un ‘electrón libre’, ‘postmoderna’, ‘transversal’, ‘demócrata autodidacta’, ‘diplomática popular’…
“Siendo una persona tan famosa, que en los últimos años ha recibido muchos recursos en equipos y, según se rumora, posee tecnología de comunicación de punta y, además, viviendo en un piso 14, en una zona bastante despejada de la capital, yo no me atrevería a asegurar que no tenga algún tipo de conexión a la red”, me dice por teléfono un ingeniero residente en la barriada habanera de Marianao. “Si ves sus fotos iniciales, cuando se hizo bloguera, verás que siempre se fotografiaba con laptops, después decidió -o le aconsejaron- no mostrar la parafernalia tecnológica que tiene. Ahora cuando está en su casa, prefiere retratarse delante de estantes con libros”, subraya.
Opiniones al margen, demos por cierto que no tiene acceso a internet desde su apartamento. Su caso no es el único: el 90% o más de la población en Cuba no puede acceder a internet desde sus casas. Ella lo sabe, pero no entra en detalles. Prefiere centrarse en “esta personita”.
Pagando, cualquier cubano se puede conectar desde hoteles con servicio de adsl. Gratis, desde varias embajadas, que a disposición de opositores, periodistas independientes y blogueros han puesto sus computadoras. O desde domicilios particulares, sean cubanos o extranjeros, médicos o funcionarios, entre otros que por debajo del tapete alquilan o venden horas de internet, de las ofrecidas gratuitamente por el Estado a su personal de confianza o gestionadas mediante cambalaches.
La conexión desde los hoteles es legal y no reviste mayores problemas para los usuarios, sean o no disidentes. La hora de navegación cuesta de 7 a 8 cuc, en dependencia del lugar. Los horarios y comodidades difieren. En general, la conexión es lenta. Algunos hoteles venden tarjetas de 2 horas a 15 cuc, otros, de 5 horas por 35 cuc.
Hace tiempo, la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana tiene habilitada una sala de internet. A ella acude la mayoría de los periodistas independientes y blogueros que reportan desde la isla. Deben sacar un turno por teléfono, de una o dos horas. La conexión es rápida, y permite subir fotos y videos, algo prácticamente imposible para quienes se conectan desde hoteles, por lo lento y costoso.
El régimen conoce ese servicio gratuito ofrecido en la Sección de Intereses, y hasta la fecha lo ha permitido, aunque cuando les ha convenido, han formado barullo y antes de entrar o a la salida, han detenido a periodistas independientes. A esa sala, igual que a otras actividades organizadas por los diplomáticos estadounidenses, pueden acudir ciudadanos que no son opositores. Otras embajadas, casi todas situadas en Miramar o El Vedado, tienen menos espacio y máquinas, pero con amabilidad y eficiencia atienden a periodistas independientes y blogueros, previa coordinación telefónica.
En ese alrededor de 10% de cubanos con acceso a internet desde sus viviendas (cifra extraoficial), hay familias con muchos recursos, otras con menos. Una amiga de la infancia, ama de casa, quien siempre ha residido en un barrio pobre de la capital, cuando en diciembre estuvo de visita en Miami, me llamó a Suiza y, entre otras cosas, me dijo que tiene internet en su casa, para poder comunicarse con su familia en Estados Unidos. Su conexión es ilegal, como tantas de las que hoy se localizan en cualquiera de los 15 municipios habaneros. Suelen ser realizadas por informáticos o técnicos de telecomunicaciones, con los cuales se ajusta una cantidad en divisas. En el caso de médicos, funcionarios del gobierno y periodistas oficiales, las conexiones son legales. Las más sofisticadas son las conexiones a través de antenas satelitales. “Y de ésas también hay unas cuantas en Cuba”, me aclaró el ingeniero marianense.
A los médicos, funcionarios y periodistas oficiales, les conceden unas 80 horas gratuitas al mes. Tiempo que a algunos les sobra. Entonces deciden ‘vender’ horas, los precios varían: 20 horas por 40 cuc, 30 por 60 cuc o 50 horas por 80 cuc. Otros prefieren ‘alquilarlas’ al menudeo: 1,50 a 2 cuc por una hora, la oferta más económica y usada por la gente, para comunicarse por correo electrónico con su familia en el exterior.
Cuando en noviembre de 2003 salí de Cuba, un vecino de la cuadra tenía una computadora con webcam, la prestaba o alquilaba, de acuerdo al grado de amistad y confianza. Diez años después, infinidad de cubanos, en la capital y el resto de las provincias, tienen los más modernos equipos de computación, de telefonía móvil y videojuegos, casi todos procedentes de Estados Unidos.
En febrero de 2011, vía email, realicé una mini-encuesta sobre el uso de internet entre personas de la isla. Un conocido respondió: “En La Habana, quizás el 20% de la poblacion, tanto jóvenes como mayores, quisiera navegar por internet, pero solo un 5% lo logra, casi todos profesionales. Me muevo en ese círculo y puedo acceder, pero la mayoría de los cubanos, sobre todo en el interior, ni sabe lo que es internet. En Santa Clara, donde vive parte de mi familia, hasta 2008 uno podía entrar a dos cafeterías pagando 5 cuc la hora, pero lo suspendieron y ahora sólo pueden entrar extranjeros o cubanos residentes en el exterior, presentando su pasaporte”.
Otro testimoniante aseguró que “habaneros con internet en su trabajo, cobraban un dólar o cuc, por revisar correos electrónicos, siempre y cuando no se hablara de política”. Y que había oficinistas que en horario extralaboral permitían el acceso a internet durante un par de horas, pagando, claro. Recientemente, he sabido que este tipo de navegadores furtivos ha aumentado. Además de recibir y enviar emails, sus intereses suelen ser: leer noticias, internacionales, deportivas y del corazón; copiar manuales de instrucciones para electrodomésticos, ordenadores y celulares; búsqueda de sitios donde venden piezas de automóviles, para que sus familiares en el exterior las encarguen y se las hagan llegar con pilotos y aeromozas, y programas piratas para ‘quemar’ (reproducir) CDs y DVDs, destinados a la venta por cuentapropistas.
El reportaje Varadero, el municipio más rico de Cuba, realizado en agosto de 2011 por el periodista independiente Iván García, terminaba así: “La información en Varadero circula sin trabas. Todos los hoteles tienen televisión por cable e internet. Gran número de pobladores poseen antenas satelitales ilegales; cuentas piratas de internet; móviles iPhone o BlackBerry y tabletas iPad de último modelo. Y en los días despejados, entran los canales de televisión de la Florida. Está solo a 90 millas”.
Gracias a internet, muchos médicos se mantienen actualizados de los últimos tratamientos y medicamentos y de la celebración de conferencias internacionales. Es un instrumento vital para científicos e investigadores, también para músicos y compositores: les permite copiar partituras y estar al día en novedades musicales.
Los más interesados en monitorear lo publicado por periodistas independientes y blogueros alternativos, son los servicios especiales y sus expertos en ‘ciberguerra’. Según el ingeniero de Marianao, a él le gusta leer lo que sobre Cuba y desde Cuba se escribe y divulga por internet, pero, “salvo excepciones, a los cubanos de la isla no les interesa demasiado leer textos sobre su realidad. Dicen que ya con vivirla es suficiente”.
Foto: Laritza Diversent, abogada y periodista independiente, revisa su blog Las leyes de Laritza desde un hotel habanero. La foto es de diciembre de 2009.
Publicado originalmente en El Blog de Tania Quintero.


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