Correos de una periodista a un escritor (I)

Nota.- Conocí al empresario, historiador y escritor Omar Sixto el 14 de mayo de 2025, cuando me dejó un comentario en El blog de Tania Quintero, fundado en marzo de 2007 e inexplicablemente desaparecido a fines del año pasado. Diez días después, recibiría en Lucerna, donde vivo, un ejemplar de su libro Se acabó la diversión. Lo empecé a leer el 28 de mayo y lo terminé el 11 de julio. En total le envié trece correos. Un resumen de esos correos los podrán leer en dos posts. Olvidaba: el 14 de julio, cuando ya había terminado de leer su libro, en mi desaparecido y siempre recordado blog le dediqué un post: Historia de mi blog y de uno de mis lectores – el blog de iván y tania

CORREOS ENVIADOS DEL 28 DE MAYO AL 23 DE JUNIO DE 2025

– Omar, antes de empezar a leerlo, he revisado minuciosamente el ejemplar del libro que por vía postal me enviaste y que mucho te agradezco. El diseño de la portada justifica el título. Acertado ese collage de imágenes, de dos tiempos, Castro y Batista. Una tapa dura que resiste el paso del tiempo. Papel de buena calidad. Tipografía legible y de tamaño adecuado para débiles visuales como yo. Bien estructurado, con los capítulos enunciados al principio. Conciso, certero. Redacción sobria. Adjetivos, los justos. Descalificaciones, las justas. A través sus páginas, el lector irá conociendo también al abuelo del niño a quien Se acabó la diversión está dedicado.

– El primer capítulo (págs. 15 a la 48), excelente. Claro y concreto, fácil de entender para el lector que no domine esos temas e inclusive que sepa poco sobe esa etapa de Cuba. Igualmente fácil de entener los cuadros insertados con estadísticas. Personalmente valoro que el primer mencionado fuera Carlos Rafael Rodríguez, viejo comunista que fuera el primer ‘zar de la economía cubana’ después del 59, el más pesado de todos los miembros del comité nacional del Partido Socialista Popular (PSP) con los cuales trabajé como mecanógrafa entre 1959 y febrero de 1961.

– Una anécdota. En dos o tres ocasiones, Carlos (así le decíamos a Carlos Rafael) me hizo llevar la Remington para la oficina de Blas Roca, al final del pasillo, en el primer piso de un edificio situado en Carlos III y Marqués González y que todavía existe. La oficina de Blas era muy simple: una mesa, tres taburetes, un estante pequeño con varios libros y una gran ventana que daba al ‘hueco’ del edificio. Allí a Carlos le mecanografié ‘tablas’ con números, datos, sobre las zafras azucareras y el estado de la economía nacional. Quien ha estudiado mecanografía, sabe que hay poner el papel ‘aplanado’, a lo largo, y usar contínuamente el tabulador. Cada hoja, Carlos la revisaba minuciosamente y si detectaba un error, tenía que repetirla. Esos documentos eran para enviar a los soviéticos en Moscú, a través de la embajada.

– Bien por las menciones a la Constitución de 1940 y a Batista, Machado, Villena, Guiteras, Fresquet y Neruda, entre otros. Es que un lector predispuesto puede pensar que como el autor se fue de Cuba en 1995, va a darle realce a figuras de Estados Unidos y otros países, obviando a personajes cubanos y latinos.

– Como se lee en la pág. 44, “la situación económico-social de Cuba a finales de 1958 se mostraba susceptible de ser mejorada”. No había que destrozar la república. Busqué en Google y no encontré la editorial Vueltabajo Media.

– En 1991 nos cruzamos en el Instituto de Historia, si es el mismo que radica en el Palacio de Aldama, al lado del Parque de la Fraternidad. Hasta 1992 estuve investigando sobre las estancias en Cuba del director austríaco Erich Kleiber. El trabajo principal lo hacía en el Instituto de Historia, donde ya había investigado para una serie que en 1977 publiqué en Bohemia sobre los alemanes antifascistas en la isla. El director era Fabio Grobart, quien el primer día me recibió en su despacho y dio la orden de que me dieran todas las facilidades. A Fabio lo conocía desde que nací.

– Me ha parecido muy atinado dedicarle el Capítulo 2 a la reforma agraria, tanto la primera como la segunda, leyes olvidades y desconocidas por los cubanos nacidos a partir de los 70. Positivo también mencionar las reformas agrarias en otros países de la región. Pero me hubiera gustado un párrafo sobre el caso de Nicaragua. Según tengo entendido, en eso los sandinistas no siguieron el ejemplo de Cuba y no hicieron reforma agraria y si la hicieron, los pequeños agricultores siguieron cultivando sus tierras. Hoy en Nicaragua hay dictadura, pero no hay hambre, no hay libreta de racionamiento, los mercados están llenos de frutas, hortalizas y toda clase de alimentos.

– Igualmente me hubiera gustado un breve resumen sobre las luchas del campesinado cubano: una de las grandes demandas era una reforma agraria. Que yo sepa, para redactar las dos reformas agrarias, no tuvieron en cuenta a líderes campesinos que en ese momento estaban vivos como Romárico Cordero y Gilberto del Pino, a quienes desde niña conocí. En el salón de reuniones del comité nacional del PSP, donde estaba la biblioteca y mi máquina de escribir, a un lado tenía la oficina de Lázaro Peña y los ‘sindicaleros’ y al otro, la oficina de los dos del PSP que en 1959 se ocupaban del tema agrario, Severo Aguirre y Antero Regalado. Hacía tiempo que no leía los nombres de Segundo Ceballos y Waldo Medina. Novedosa la definición del INRA que hizo la CIA, en la pág. 76-77.

– Las páginas del Capítulo 3 (83 a 128) las he leído y disfrutado como si estuviera viendo un documental de los 19 meses que trabajé como mecanógrafa en el comité nacional del PSP, en Carlos III y Marqués González (agosto de 1959 a febrero de 1961). Quiso el destino que ese disfrute fuera por la lectura de un libro del hijo de Rogelio Sixto, el dueño de la cafetería El Frisco, en Pocito y Oquendo, detrás de la antigua Compañía Cubana de Electricidad. En ese tiempo, casi a diario, iba a tomarme una limonada frappé, costaba una peseta (veinte centavos).

Omar Sixto en su casa de Morelia, México (tomada de Martí Noticias) y del edificio situado en Oquendo y Pocito, donde en los bajos quedaba la cafetería El Frisco

– Han pasado 67 años, el autor del libro no había nacido. Pero de una manera magistral ha descrito un itinerario imprescindible de la revolución fidelista, que deben leer los cubanos nacidos en décadas posteriores. De casi todo lo mencionado no solo lo escuché hablar, también lo mecanografié, en cartas y documentos o en las actas de las reuniones del comité nacional, que se celebraban cada quince días. Las actas, con su ilegible letra las redactaba Flavio Bravo, y yo pasaba las de caín para pasarlas en limpio, original y una copia.

– Sobre el conflicto con Estados Unidos, párrafo en la pág. 88: “En Cuba, este rechazo nunca llegó a extremos violentos, al finalizar la Colonia española los cubanos se habían adaptado sin grandes dificultades a la influencia económica y cultural norteamericana”. En La Habana, conversé con personas mayores que tenían un fuerte sentimiento anti-español, casi todos negros. Los más viejos hablaban muy bien de los americanos. Contaban que todos los adelantos que tuvimos antes del 20 de Mayo de 1902 fue gracias a los americanos. Y enumeraban desde medidas sanitarias como la vacunación y recogida de basura hasta la creación de escuelas de enfermería.

– Ministerio de Comercio, mencionado en las págs. 98 y 102: se deduce que era de comercio exterior, pues el de comercio interior, si no me equivoco, surgió con la libreta en marzo de 1962. El primer ministro del MINCIN fue Manolo Luzardo, con aquellos planes Belimbo (Belascoaín lindo y bonito) y Montelimbo (Monte limpio y bonito).

– Alfredo Hornedo (pág. 117) fue amigo de los viejos comunistas, en particular de Blas Roca. Ya había olvidado la inauguración del Museo de la Revolución. Fui una sola vez y descubrí una foto de la revista Bohemia, donde se ve a mi tía Dulce Antúnez, esposa de Blas Roca, cuando agentes del SIM o del BRAC estaban en unos de los registros habituales en la casa de Estrada Palma 107, todas las semanas visitada en mi infancia. Tal vez ya esa foto de mi tía Dulce la quitaron: los Roca-Antúnez pasaron a formar parte de la lista negra del castrismo.

– Aunque supuestamente fue escrita por Miguel Ángel Quevedo, es bueno que hayas reproducido aquella carta (págs. 124-125). No recordaba la visita de Sweezy y Huberman en 1960. A pesar de ser editado en La Habana, no leí el libro Cuba, anatomía de una revolución (solo he leído tres libros sobre el dictador en jefe, entre ellos el de Tad Szulc).

– Capítulo 4: La consolidación del poder. Solo hice dos anotaciones, puse el nombre del sueco Claes Brundenius, para averiguar más sobre él. La otra: no recordaba la fecha del cambio de las efemérides: 19 de julio de 1963 (pág. 146). El resto de la lectura, diáfana y coherente.

– Capítulo 5: Organización y planificación de la economía socialista. Los disparates van en aumento. Pág. 152: No me acordaba de una de las primeras grandes burocracias, el Departamento de Asistencia Técnica, Material y Cultural al Campesinado, adscrito al Ministerio de Defensa Nacional. Los barbudos dividen el país en cuatro regiones. Pág. 152-161: Papel del INRA, el primer todopoderoso organismo creado por el llamado Gobierno Revolucionario. Si no me equivoco, quedaba en el edificio donde ahora está el MINFAR, que fue construido para ser sede de la Alcaldía de La Habana. Una calidad constructiva como todos los inmuebles levantados alrededor de la Plaza Cívica, empezando por el que iba a ser la sede del Poder Judicial y hoy es el Palacio de la Revolución.

– Ya no recordaba a Conrado Bécquer, en su momento con bastante protagonismo. También había olvidado dos palabras muy ‘populares’ entonces: siquitrilla y retranca (las dos aparecen en el diccionario de la RAE). Después que el Ministerio de Defensa Nacional había dividido el país en cuatro zonas, el INRA lo dividió el país en 27 Zonas de Desarrollo Agrario (ZDA), que temporalmente se convirtieron en una forma de organización político-administrativa.

“Las mujeres fueron ‘agremiadas’ en torno a la FMC”. Se ve que la editora es española, un editor o editora cubana hubiera puesto “las mujeres fueron agrupadas”. Hay otras palabras que no coinciden con la forma de hablar del cubano, pero no las he anotado, tampoco pasa nada, si alguien tiene dudas, que las despeje en el ‘mataburro’.

– Hasta lo que he leído, le das protagonismo a Guevara, que siempre ponen su apellido y no el Che, como es más conocido, no sé si decisión de tu editora o tuya. Dos anécdotas: desde que en agosto de 1959 empecé a trabajar como mecanógrafa en el PSP, desde el minuto uno me percaté que al Che le decían ‘el argentino’ y que Carlos Rafael Rodríguez era el que menos lo tragaba. Nunca fui, pero creo que en esa época donde se reunían con el Che los del PSP (Osvaldo Sánchez, Joaquín Ordoqui, Flavio Bravo, Aníbal Escalante y Carlos Rafael) era en una casa en Tarará. Aunque era solo una mecanógrafa, iba a recepciones, fuera el recibimiento de Anastas Mikoyán en 1960 en el Palacio de Bellas Artes o en la embajada soviética, a la tribuna en los actos o como un domingo de febrero de 1961 cuando por segunda vez hablaba con Fidel, en un reunión con los líderes del PSP, en la finca La Raquelita, en El Cacahual.

– En 1960, antes que surgiera la FMC, mujeres de distintas agrupaciones, en los jardines del Capitolio organizaron una feria para recaudar fondos destinados a la Reforma Agraria. Sin dejar de cumplir mi labor diaria de mecanógrafa, me las arreglaba para sin participar en todo lo que podía. Entre las mujeres, además de Vilma estaba Aleida March, en cuyo kiosco trabajé vendiendo flores, artesanías, discos, libros. Cuando vi que pasaban de las 11 de la noche le dije a Aleida que me tenía que ir, pues tenía que estar en la casa antes de las 12 de la noche, que me iba a buscar la ruta 54, que paraba cerca y me dejaba en la Esquina de Tejas. Me dijo que me llevaba en su carro. Aleida se sentó alante, al lado del chofer del Che, y yo detrás. Cuando subí las escaleras y abrí la puerta, mi padre estaba despierto. Le dije que la mujer y el chofer del Che, en el auto del argentino, me dejaron en la esquina de la casa, creyó que era broma.

– Pág. 169, cita 292: “Rodríguez, Cuba”. Se supone que es Carlos Rafael Rodríguez, el más prepotente de todos los viejos comunistas que conocí. Inteligente, pero burguesote. Cuando una vez, ya en Suiza, se lo dije a su hija Anabel, que fue directora de Cubaencuentro, no imaginaba que yo, que desde niña conocí a su padre, lo hubiera encontrado ‘pesado’. Pesado no, lo siguiente. Es que yo crecí al lado de Blas Roca, que era todo lo contrario.

– Pág. 174: “La economía cayó en un cuello de botella…”. Eso fue ya en 1965. Candela al jarro que se está quemando!

– Pág. 185: “Creo que fue el 26 de marzo de 1962 cuando se anunció el racionamiento por la ‘libreta de abastecimiento’”. No vi la comparecencia, no teníamos televisor, solo un viejo RCA Victor, pero no estaba yo pa’dispararme a FC por la radio. Sí recuerdo que por esos días se hablaba mucho de la sequía que afectó la isla en 1961-62.

– Pág. 187: “Si antes una pieza se dañaba era ordenada a EEUU por un número de catálogo y al día siguiente llegaba a Cuba”. Rodolfo Ramos, padre de mi prima Sonia, viejo comunista ligado a mi padre y a Blas, entre otros, trabajó en la American Steel y me contó eso, de que cuando se dañaba algo, enseguida llegaba. También de la importancia de los trenes que salían de esas grandes empresas directamente a los muelles rumbo a Estados Unidos.

– De un montón de datos me he enterado por tu libro, como esa balanza comercial que en 1962 tenía un déficit comercial de 237 millones de pesos. Candelón con los tostones. Muchos cubanos se van a desayunar cuando lean el párrafo de la pág. 195 que comienza: “A la URSS, con toda razón, no le interesaba invertir grandes recursos en Cuba”. Siempre me pareció raro que Fidel permitiera que Carlos Rafael le diera esa entrevista a periodistas estadounidenses, pues él y nadie más que él, podía hablar con medios foráneos y en particular gringos.

– El capítulo 6 se titula “Organización del sector industrial socialista”, pero cuando se termina de leer, en la pág. 252, uno constata cómo desmantelaron una industria capitalista para nunca organizar ni mantener una industria socialista. Valiosa la explicación en 4 puntos, de las características esenciales de la industria cubana antes de 1959.

– Pág 223: 4 de marzo de 1960, explosión de La Coubre. Fragmento de un testimonio que publiqué en mi blog:

Fidel Castro dijo por primera vez “Patria o Muerte” el sábado 5 de marzo de 1960, en el sepelio de las víctimas por la explosión del buque La Coubre, en un acto celebrado en la esquina de 12 y 23, Vedado, muy cerca del Cementerio de Colón (…) A partir de ese día, Fidel cogió pa’l trajín el Patria o Muerte, y pegara o no, lo empezó a decir al final de sus discursos. La palabra Venceremos se la añadió tres meses después, el 7 de junio de 1960, cuando clausuró un congreso del gremio de barberías y peluquerías en el teatro de la CTC (…)

De lo que sí me acuerdo bien fue de las dos explosiones del buque francés La Coubre en un muelle del Puerto de La Habana, alrededor de las 3 de la tarde del viernes 4 de marzo de 1960. En ese momento me encontraba mecanografiando en la oficina de Blas Roca (…) De pronto, aquella tarde, dos grandes estruendos tumbaron objetos y libros de un estante y de golpe se cerró la amplia ventana. El puerto quedaba relativamente lejos, pero las explosiones fueron tan fuertes que se sintieron en La Habana Vieja, Centro Habana y Cerro.

Enseguida empezaron a escucharse sirenas de ambulancias, carros de bomberos, patrullas de policía… Bajé corriendo a la calle, el tráfico se había interrumpido en Carlos III, Belascoaín y Reina, vía por donde subían las ambulancias rumbo al Hospital de Emergencias, a unas tres cuadras. Crucé la calle y fui hasta el hospital. Como las ambulancias no daban abasto, a muchos heridos, calcinados, moribundos, los trasladaban en el primer vehículo que encontraban. En eso, una camioneta dobló con tanta velocidad hacia el cuerpo de guardia, que el hombre que llevaban en la parte de atrás, todo quemado y sin piernas, se cayó. Estaba aún con vida y se escuchaban sus gritos. Una escena dantesca.

– Pág. 226: Qué risa me han dado los créditos en 1960: 202 millones de pesos. El peso no era igual al dólar en Cuba. Ya desde 1960 a Carlos Rafael le había mecanografiado sobre convenios de asistencia técnica con la URSS. Gracias a tu libro mi memoria se va refrescando y voy recordando algunos de los muchos mamotretos que teclée en los 19 meses que fui la única mecanógrafa en el comité nacional del PSP.

– Pág. 230: Dónde carajo están todas esas fábricas de la URSS, Hungría, RDA y Checoslovaquia, entre otros países, que se montaron en Cuba? Casi ninguna debe estar funcionando. Desastres, desastres, desastres… Pero cuando me divertí de verdad fue a partir de la pág. 235. Había olvidado que 1962 fue declarado el Año de la Consolidación. “Consolidaron la fábrica de helados y las textileras”. Disparates, disparates, disparates…

– Pág. 238: Crisis del calzado. Precisamente ésa fue la temática de mis primeros trabajos en Bohemia Económica, sección que dirigía Alberto Pozo. Reportajes y entrevistas analizando la situación del calzado en Cuba y de la industria ligera en general. El entonces ministro, Manuel Millares, que al lado de los mequetrefes que hay ahora, era un master, seguía mis trabajos, me localizó y me invitó a conversar con él en su despacho en el MINIL, en La Habana Vieja. Quedé vinculada con ese ministerio y me invitaban a asambleas y eventos, una relación profesional, sin entrar en ‘sociolismo’, aceptar regalos, comelatas, tragos, que cuando caes en eso te empiezas a corromper. Y, lo más importante, que a la hora de escribir decía sin tapujos las cosas. Eso fue entre 1979-1981. También empecé a publicar sobre moda y diseño, mantuve buenas relaciones con Córdova y María Victoria, de la EMPROVA; con Cachita Abrantes, de La Maison; con Nisia Agüero, de Fondos de Bienes Culturales y con Lucy Villegas, directora del Parque Lenin.

– En el tiempo que cubrí la industria ligera para Bohemia, el que atendía ese sector era Flavio Bravo, quien también seguía mis escritos y una vez hablamos en su despacho, recordamos la etapa del PSP y hablamos de la situación en el sector, en particular en la industria del calzado. Yo no solo decía las cosas a la cara cuando me topaba con un dirigente. También escribía y me quejaba al Consejo de Estado y al Comité Central. Las empleadas que recibían la correspondencia ya me conocían. A Armando Hart, cuando fue ministro de Cultura, un tipo que era un coctel de clavos, una vez le escribí, advirtiéndole que había que cuidar la música cubana, que tanta gloria nos había dado.

– El transporte y los medios de comunicaciones (páginas 253-302). Hay historias que conocía más, otras menos, como la de las navieras, antes y después de 1959. A no ser en la lanchita de Regla y dos veces en el ferry Gerona-Batabanó no monté en embarcaciones. Ah, sí, cuando fui con la UJC al Cayo Ernest Thälmann, en 1978, un paraíso. Salimos en un barquito desde el centro turístico Guamá, en la Ciénaga de Zapata. Inolvidables fueron también las tres caminatas para subir el Pico Turquino, saliendo desde La Magdalena, en Minas del Frío. Precioso el río La Plata, agradable el clima de las montañas, cuando las nubes bajan y todo el paisaje se envuelve en neblinas.

– No me acordaba de la muerte de André González Lines, creo que así le pusieron a una empresa y a un buque. Desconocía de los negocios de los británicos en barcos y aviones, pensé que solo fue con los ómnibus, los recordados Leyland por los habaneros de más edad como yo. Muy bien toda la parte del transporte automotor. Entre las marcas de autos no mencionaste Ford, cuyos autos circularon mucho en Cuba.

– Pág. 268: “Al parecer” está demás al inicio del párrafo, que debe comenzar: “La escasez de piezas de repuesto era tan aguda…” La Cooperativa de Ómnibus Aliados (COA) quedaba al lado de mi escuela pública, en Monte entre Pila y Castillo. Tenía un amplio portal, columnas y una escalera, quedaba en el primer piso. Algunas veces subíamos, a curiosear. Celebraban muchas reuniones. Ay, los tranvías, cuando los quitaron en 1949 (tenía 7 años) los cubanos los extrañamos, una delicia, iban despacio, te podías bajar y subir sin que tuviera que parar, algo que hacían los hombres jóvenes. Aquellos asientos de rejillas, las amplias ventanas, corría el aire.

– Pág. 271: Guarandinga no lleva diéresis en la ü, viene de guara, si la lleva güera. Pág. 273: El 5to. párrafo mejor si hubiera escrito: “Luego de los logros de la independencia, el 20 de mayo de 1902…” Y no solo el año, 1902.

– Pág 282: Y eso fue lo que pasó: “El turismo fue sustituido por la ida y la vuelta de colaboradores técnicos de los países socialistas…” Pág. 298: Radiocentro, no Radio-Centro.

– Pág. 299: “Como parte del sistema de propaganda política que el gobierno comenzó a estructurar el 20 de marzo de 1959″… Ahí hubieras podido mencionar la creación de la COR y después del DOR, el ideólogo del PSP era César Escalante, quien en 1959 era el secretario general del PSP Provincial, las oficinas quedaban al lado del comité nacional del PSP, en Carlos III y Marqués González, en el centro de La Habana.

Sigo entusiasmada con tu libro. Ya me falta poco para terminarlo.

Fotos: Omar Sixto en su casa de Morelia, México (tomada de Martí Noticias) y del edificio situado en Oquendo y Pocito, donde en los bajos quedaba la cafetería El Frisco, enviada por Omar Sixto el 16 de mayo de 2025.


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