La foto que habían puesto en este artículo (¿Cómo se financia el Partido Comunista de Cuba? | DIARIO DE CUBA) publicado en 2018, después la quitaron: erróneamente la identificaban con la sede nacional del Partido Comunista de Cuba, donde además del Comité Central, allí radican las oficinas del Secretariado y el Buró Político y de los departamentos ideológicos y de relaciones internacionales, entre otros.
La foto que pusieron era de la escalinata que queda en el centro del antiguo Palacio de Justicia, hoy Palacio de la Revolución y que en la imagen que encabeza este post, se puede ver casi completo. Por esa escalinata se accede a los salones donde se celebran ceremonias de bienvenida a mandatarios extranjeros, cenas y recepciones oficiales.
En el inmueble a la izquierda de la escalinata radica el Consejo de Estado y de Ministros, al cual el personal que allí trabaja o es citado para reuniones y conferencias entra por la calle a la izquierda que se ve en la foto. En la más estrecha, que pasa por debajo de la escalinata, radica la recepción del Consejo de Estado y de Ministros donde no solo registran a los visitantes: también reciben correspondencia, entre ellas quejas y solicitudes de la población.
La entrada al Consejo de Estado y de Ministros queda también a la izquierda, con acceso a autos, como en la foto se puede apreciar. Una persona, para llegar hasta ahí, ha tenido que decirle al guardia que está en la garita cercana a la Avenida Boyeros, a qué va al Consejo de Estado: si es a entregar una carta (normalmente dejan pasar sin mayores problemas, mostrando el carnet de identidad), y si es a una reunión, el guardia revisa una lista o llama por teléfono y verifica que esa persona está citada. Como hice el 12 de mayo de 1986, cuando José M. Miyar Barruecos, Chomy, me citó a su oficina y luego por unos pasillos donde había varios escoltas, me condujo al despacho de Fidel Castro, que daba para la Avenida Boyeros y no sé si será el mismo que actualmente ocupa Díaz-Canel.
En el inmueble a la derecha de la escalinata radica la sede nacional del Partido Comunista de Cuba (PCC), cuya entrada no sale en la foto, pero a la cual se llega directamente por la primera calle, donde se ve un auto blanco. En la sede del PCC, tienen oficinas permanentes algunos miembros del Comité Central, el Secretariado y el Buró Político y cuenta con varias salas de reuniones y conferencias, todas climatizadas.
A la sede nacional del PCC se accede por una escalera, no tan grande ni llamativa como la del centro, a la que se llega por la segunda calle y solo se usa en determinados eventos oficiales. La recepción del Comité Central quedaba a la derecha de la entrada y se podían contemplar grandes cuadros de pintores cubanos como Tomás Sánchez. La correspondencia para el Comité Central había que dejarla al doblar, en una calle cuyo nombre he olvidado.
Los dirigentes, funcionarios y empleados de los Consejos de Estado y Ministros y del PCC, fácilmente pueden acceder a la tribuna en la base del monumento a José Martí. Aunque las tres edificaciones forman parte del Palacio de la Revolución, el Palacio como tal es el inmueble queda en el centro, con exhuberante vegetación, inmensos salones, decorados con cuadros y objetos cubanos de calidad. Es uno de los legados que dejó Celia Sánchez con la colaboración de arquitectos y diseñadores de la Emprova, que no sé si aún existe y sigue funcionando.
Fragmentos de El Palacio de la Revolución fue construido antes de la revolución, escrito por mí en 2015:
Entre 1953-1957, la firma de arquitectos de José Pérez Benitoa & Sons, construyó tres edificaciones de estilo modernista cubano, con influencia del racionalismo alemán. En ellas se alojarían el Palacio de Justicia, el Tribunal Supremo y la Fiscalía General de la República. A todo el conjunto ahora se le denomina Palacio de la Revolución, pero el Palacio en sí, el que fascinó a Erdogan, y donde se celebran actos y recepciones, queda en el centro. A la izquierda se encuentra la sede del Consejo de Estado y de Ministros y, a la derecha, la sede nacional del Partido Comunista de Cuba, más conocida por Comité Central. A pocos metros, la Raspadura, como le dicen al monumento o memorial dedicado a José Martí.
Plaza Cívica inicialmente se llamó a la explanada delante del monumento, pero después de 1959 le pusieron Plaza de la Revolución. Un detalle: cuando los barbudos entraron a la capital, ya casi todos los edificios a su alrededor estaban construidos o les faltaba poco para su terminación.
La Biblioteca Nacional José Martí se comenzó a construir en 1952 y fue inaugurada en 1957. Su diseño y construcción estuvo a cargo de Govantes y Cabarrocas, una de las más importantes firmas de arquitectos cubanos que hubo en Cuba antes de que llegara el comandante, mandara a parar y empezara a destruir. El Ministerio de las Fuerzas Armadas también fue construido por Govantes y Cabarrocas. Iba a ser sede del Palacio Municipal o Ayuntamiento de La Habana y su inauguración estaba prevista para 1960, pero como ya había llegado el comandante… otro fue su destino.
El actual edificio del Ministerio de Interior funcionó como Tribunal de Cuentas de 1953 a 1962. El Ministerio de Comunicaciones e Informática fue construido en 1954, para una función similar. El hoy Ministerio de Economía y Planificación, más conocido por haber sido sede de la Juceplan (Junta Central de Planificación), se terminó de construir en 1960 y su destino original era la Renta de Lotería. Con un estilo que recuerda el Royal Festival Hall de Londres, el Teatro Nacional tuvo una primera inauguración en 1960, pero en 1979 finalizó su construcción.
Por su interés, copio párrafos de Plaza de la Revolución José Martí, publicado en Palabra Nueva, revista de la Arquidiócesis de La Habana:
“Ya en 1922, en el lugar conocido como la Loma de los Jesuitas o la Loma de los Catalanes –por una ermita que allí existió–, Enrique Montoulieu estimó que en ese espacio debía desarrollarse el centro físico de la capital. En 1914, Montoulieu había comenzado a elaborar un planeamiento para la ciudad que vería la luz hacia 1922. El proyecto localizó, muy cerca de la Ermita de los Catalanes, una plaza central-monumental que sería el centro simbólico del Estado. Hacia 1918 Pedro Martínez Inclán, uno de los más prestigiosos urbanistas cubanos, da comienzo a un análisis urbano de La Habana que quedaría explicado en su trabajo La Habana actual: estudio de la capital de Cuba desde el punto de vista de la arquitectura de ciudades, publicado en 1925. Con nuevas ideas e influido por trabajos anteriores, propone el lugar de la Ermita de los Catalanes para una gran plaza.
“En 1925 se promulga la Nueva Ley de Obras Públicas, en la que se plantea la creación de un plan de desarrollo para La Habana. Para dirigir el nuevo plan se contrataría un importante urbanista francés: Forestier. La visión territorial de este plan también decidió hacer una plaza monumental en los mismos terrenos. En 1937 una comisión al efecto discute el lugar donde debería construirse por el municipio de La Habana, el Monumento a Martí y la Plaza Cívica; y se decide que la Loma de los Catalanes era el lugar adecuado. Se hace entonces un primer concurso de alcance interamericano, pero el primer lugar queda desierto y se aplaza entonces la decisión.
“En 1940, la Constitución de la República en su artículo 215, establece que cada municipio tendrá una comisión de urbanismo. Los estudios de la época asumen una escala territorial e igual que habían hecho Montoulieu, Martínez Inclán y Forestier, y pensando en un horizonte temporal que iba hasta el fin de siglo, se planteó la creación de un nuevo centro funcional y geográfico para la gran Habana, cercano a la zona de población de la clase dominante, el Vedado, el lugar sin dudas era la Loma de los Catalanes.
“En 1942 se realizó un segundo concurso que debía decidir cuál sería el proyecto del nuevo centro cívico martiano que se localizaría en la Loma de los Catalanes. Esta vez se otorga un primer premio, que es ganado por el arquitecto Aquiles Maza y el escultor Juan José Sicre, pero se hace en medio de discrepancias y realmente gana la inacción: no se construye. Pasan alrededor de diez años para que se haga real la idea de construir la Plaza Cívica José Martí, el nuevo centro de la ciudad en la Loma de los Catalanes, que además era centro geográfico de la ciudad-región: el lugar que había sido propuesto desde los primeros años del siglo XX como centro de la gran Habana”.
El antiguo Palacio Presidencial, en Refugio entre Zulueta y Monserrate, Habana Vieja, es otra de las joyas arquitectónicas de la ciudad. De estilo ecléctico, fue construido entre 1913 y 1920, por los arquitectos Rodolfo Maruri, cubano, y Paul Belau, belga. En 1965 decidieron convertirlo en Museo de la Revolución. El Palacio de las Convenciones es el único palacio construido por el régimen. A diferencia de otros dictadores, los Castro se irán de este mudo sin haber dejado ninguna obra arquitectónica que merezca ser recordada.


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