El 2 de octubre de 2019 recibí el siguiente email por mi correo de Hotmail:
Muy buenas, Tania. Soy David Granda, periodista español, colaboro con El País. Estoy escribiendo un libro sobre la ciudad de Berlín antes de la caída del Muro para la editorial Libros del KO y he leído en tu blog una entrada muy interesante sobre la periodista Catherine Gittis. ¿Te puedo enviar un par de preguntas sobre ella y sobre Pierre Guillaume? Gracias. Saludos.
Ese mismo día le respondí:
Buenas tardes, David. Sí, me puedes preguntar lo que quieras sobre Cathèrine Gittis y Pierre Guillaume. Te contesto lo que recuerde. Pero mejor me mandas las preguntas a mi correo de Gmail. No sé si leiste Adiós, RDA, que en 2009 publiqué en mi blog por los 30 años de mi viaje a la RDA, en 1979, como enviada de la revista Bohemia y donde menciono a Cathèrine y a Pierre, quienes me acompañaron en el primer reportaje que hice, en Cottbus. Un relato más amplio puedes leer en Lo que no conté de mi viaje a la RDA. Saludos desde Lucerna, Tania Quintero.
El 3 de octubre, David me envió sus preguntas, que a continuación leerán junto con mis respuestas.
P: Entrevisté a Pierre, estoy preparando una semblanza suya para mi libro, y me gustaría conocer tu opinión, que me escribas tus recuerdos de vuestro viaje juntos a Cottbus.
– Salí de La Habana en un vuelo de Interflug el sábado 10 de junio de 1979 y por el cambio de horario, llegué a Berlín, la capital de la RDA, el domingo 11. Cathèrine me esperaba en el aeropuerto y en su Trabant me llevó a su apartamento, en las afueras de la ciudad. El lunes 12 desayunamos temprano y sobre las 8 de la mañana salí con ella en su auto, un Trabant gris claro, hacia la redacción de la revista donde ella y Pierre trabajaban, ella como periodista y él como fotógrafo (he olvidado el nombre de la revista, pero era muy conocida en la RDA, publicaban fotorreportajes). Cathy, como le decían, se dirigió al edificio donde radicaba la revista, a avisarle a Pierre.
– Yo me quedé esperando cerca, en una acera donde había una carnicería a la cual entré y me maravillé al ver tanta carne y embutidos juntos. Uno podía comprar todo lo que quisiera, sin libreta de racionamiento. No demoró ni diez minutos en regresar Cathy con Pierre. Ya ella me había dicho que un fotógrafo iba a hacer las fotos para el trabajo que yo iba a hacer en Cottbus para la revista Bohemia.
– El Trabant era de Cathy, pero a Cottbus fue conduciendo Pierre, Cathy a su lado y yo detrás. Si mal no recuerdo, el trayecto Berlín-Cottbus duró alrededor de hora y media. Pierre y Cathy iban conversando, en alemán, claro, supuse que sobre asuntos de trabajo. Todo el tiempo yo iba mirando los paisajes, a un lado y otro de la autopista, aunque de vez en cuando Cathy me comentaba algo en español y se lo traducía a Pierre. Fuimos directo a la escuela donde Marina Arismendi trabajaba como maestra, casi todos sus alumnos eran chilenos, hijos de refugiados políticos. Marina, hija de Rodney Arismendi, secretario general del partido comunista de Uruguay y teórico del marxismo-leninismo, también era refugiada política en la RDA.
– Pierre tiró fotos de Marina con los alumnos, de mí hablando con Marina y con los alumnos, en el recreo, en el patio, o en el aula donde les hablé sobre Cuba. Yo vestía un pantalón morado y una blusa blanca de mangas largas con flores en morado (en el mes de junio, si no llovía, no sentía frío en Berlín). Todas las fotos que Pierre tiró en Cottbus eran en blanco y negro, tal vez él tenga algunas. En el archivo fotográfico de Bohemia deben conservar las que yo en 1979 les entregué. Lamentablemente ésas y muchas otras fotos, papeles y documentos los tuve que sacar de mi casa durante la represión de 2003, conocida como la Primavera Negra.
– No recuerdo bien si de la escuela fuimos a comer algo, pero sí que después Pierre y Cathy me llevaron al apartamentico donde Marina vivía con sus dos niñas, que Pierre fotografió. Posteriormente en Bohemia publiqué una página con una foto comentada con las dos niñas, quienes entre otras actividades, recogían materia prima. Me quedé en casa de Marina, en la cual me bañé, cené y dormí. Desconozco si Pierre y Cathy se quedaron a dormir en Cottbus o regresaron a Berlín. El edificio donde Marina vivía quedaba cerca de una unidad militar soviética.
– Al día siguiente, Marina me acompañó a la estación ferroviaria y cogí un tren rumbo a Dresden. Cathy me esperaba en la estación. En Dresden estuve dos días. Allí me reencontré con Eberhard Gätner, estudiante alemán que había conocido por carta en 1961 y que en 1965, viajó a La Habana como traductor de una delegación de la FDJ. Cathy me dejó en casa de los padres de mi amigo, en las afueras de Dresden, donde me esperaban mi amigo y sus padres, ya ancianos. Cathy no quiso bajarse a saludar a los padres, él tuvo que ir al taxi, un Volga soviético, y ella le dio la dirección donde debía llevarme al día siguiente. Eberhard era muy educado y se percató de su descortesía.
– Ya conocía un poco a Cathy y sabía que en algunos momentos era cordial y sociable y en otros muy seca, por no decir antipática. Esa noche me quedé a dormir en casa de mi amigo y su esposa Hannelore, quienes ahora residen en una casa propia en Dresden, pero entonces vivían alquilados en dos habitaciones en una vieja casa de madera que no tenía baño, había que ir a uno de los tres que había en un pasillo.
– Al día siguiente, después de desayunar, Eberhard me llevó a una plaza céntrica en Dresden, donde Cathy le había dicho que me esperaría. Pese a su descortesía, él le llevó una cesta con fresas de su huerto, que ella la cogió, pero cuando él se fue me la dio (finalmente las dejé en la cocina del apartamento de la residencia donde vivía Ruth Herrmann, la madre de Cathy). Iba preguntarle por Pierre, pero dado su cambiante carácter, decidí no hacerlo.
– En esa plaza de Dresden, en una vieja edificación, quedaba el estudio del pintor Gert Caden, que ya tenía casi 90 años y al inicio de la Segunda Guerra Mundial emigró a La Habana junto con varios alemanes, entre ellos Ruth Hermann, la madre de Cathy, de origen judío, y Cathy, nacida en 1940 (a Cuba arribó con solo dos años). En La Habana, Caden fundó el Comité de Alemanes Antifascistas. El padre de Cathy, Friedrich Wolf, médico, un hombre importante, era el padre de Markus Wolf y de sus otros hermanos, el cineasta Konrad y la escritora Christa Wolf, nacidos de su matrimonio. Cathy era hija ilegítima, fruto de una relación extramatrimonial.
– El encuentro con Gert Caden duró menos de una hora. Antes de irme, Caden me dio un sobre con 300 marcos de la RDA, le pregunté a Cathy si debía aceptarlo, nunca había salido de Cuba y no sabía si un periodista podía aceptar dinero. Ella me dijo que lo aceptara, que no tendría problemas (el dinero que en Cuba me dieron para los gastos el mismo día que llegué me los guardó en una pequeña caja fuerte que tenía en su cuarto).
– De ahí fuimos para la redacción de la revista RDA, donde ella me había concertado una cita pues me habían publicado dos o tres colaboraciones enviadas desde La Habana. Tomamos café y nos tiraron fotos, que después me hicieron llegar. Estoy con un vestido de algodón azul oscuro con unas florecitas blancas que Cathy me regaló y que en Cuba usé mucho tiempo. Ya no existe la revista RDA, que en español se vendía en La Habana, igual que otras de la URSS y países socialistas.
P: Hay algunos pequeños detalles que me parecen importantes. Cuentas que el viaje te lo había organizado Cathèrine, ¿ella era la responsable, había seleccionado el tema? ¿Pierre trabajó para ti como fotógrafo? (¿el Trabant, por cierto, era de Cathèrine o de Pierre?)
– Cathy fue la que quiso que yo viajara a la RDA en 1979. Ella habló con Ángel Guerra, director de Bohemia, y en la RDA, con las autoridades pertinentes gestionó para que me invitaran, una estancia de tres semanas. La primera semana ella corría con los gastos, las otras dos pagadas por el centro de prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores, que también pagó el viaje de ida y vuelta en avión, en Interflug.
– Exteriores pagó la estancia en los dos hoteles donde me hospedé, el Unter den Linden en Berlín, y en el Elephant de Weimar, así como un auto Lada verde con un chofer y una intérprete. Dos días antes de mi regreso, me quedé de nuevo en casa de Cathy, fue cuando ella me dio el dinero y pude comprar ropa para mis hijos, entonces de 14 y 15 años. Si Pierre visitaba su casa y se quedaba a dormir nunca lo supe. Tampoco sé si Vangelis Gittis, su ex marido, de origen griego, ingeniero de profesión, y a quien no conocí durante mi estancia en la RDA, estaba al tanto de las amistades y relaciones personales y profesionales de Cathy.
– Pero lo que fue la agenda periodística, los lugares a los que quería ir y las personas a quienes quería entrevistar, fue por mi iniciativa, lo propuse yo a través del agregado de prensa de la Embajada de la RDA en La Habana. Es que desde que en 1961 recibí esa carta de Eberhard, empecé a interesarme no solo por la RDA, si no también por la RFA. En los 20 años que trabajé en Bohemia, tuve excelentes contactos con la Embajada de la RDA. O sea que conocía bien el país y a no ser la visita a Cottbus, que me la propuso Cathy porque era amiga de Marina Arismendi, los viajes que hice a Dresden, Erfurt, Leipzig y Postdam fueron idea mía.
– En Erfurt, en Jena, estuve en la empresa Carl Zeiss, visité las casas-museos de Schiller y Goethe en Weimar y el campo de concentración de Buchenwald. En Leipzig no había feria y me limité a recorrer la ciudad y en Potsdam estuve en la casa de verano de Einstein, impresionante por su sencillez, también en el Castillo Cecilienhof, donde se firmaron los acuerdos. En Berlín, por mi cuenta, visité en su casa a un matrimonio que era integrantes del grupo Kreis, a quienes había conocido en La Habana, y al encuentro en el restaurant de la Torre de TV de Berlín con uno de los músicos de Karat me llevó Cathy. A través de ella los había conocido y divulgado en Cuba.
– También estuve en el apartamento donde vivía uno que fue agregado de prensa en la Embajada de la RDA. La invité para que fuera conmigo, pero ella no quiso ir. El reportaje previsto, en la fábrica de bombillos Rosa Luxemburgo, no lo hice porque para atenderme pusieron a uno del sindicato. Le dije a la intérprete que le dijera que no iba a hacer el reportaje y que me quejaría a Exteriores y así lo hice. Después, los alemanes me dijeron que era primera vez que un periodista de Cuba o de otro país socialista, hacía eso, que yo me había comportado como una periodista capitalista.
– Lamentablemente, Pierre solo me hizo las fotos en Cottbus, en la escuela donde trabajaba Marina y en su casa. Como no llevé cámara, para el resto de los trabajos que publiqué en Bohemia utilicé fotos de archivo o de revistas y folletos que traje, excepto en la redacción de la revista RDA en Dresden. Puedes preguntarle a Pierre, pero creo que el Trabant era de Cathy y ella se lo prestaba a él. Si él era el dueño, ella nunca me lo dijo.
P: ¿Cómo recuerdas a Pierre? ¿Te pareció integrado en la RDA?
– Una mañana de 1977, Ángel Guerra, el director de Bohemia, me llamó a su despacho y me presentó a Cathèrine Gittis, periodista de la revista NBI y me dijo que ella estaba haciendo gestiones para que yo viajara a la RDA en 1979. No sé si entonces Pierre viajó con ella a La Habana. A Pierre lo conocí el lunes 12 de junio de 1979 en ese viaje de Berlín a Cottbus.
– Recuerdo a un joven sencillamente vestido, amable, bien parecido. Lo vi como un ciudadano de la RDA más, un hombre que le gustaba la fotografía y que supuse vivía de su trabajo, que tendría una casa, una novia o esposa y una familia. Una persona normal. Fue mi impresión, aunque él no hablaba español ni yo alemán. No sé si Pierre se acuerde de mí. En 1979, Cathy tenía 39 años y yo 37 y si él era 17 años más joven que Cathy, tenía 22 años.
P: ¿Cómo era la relación entre Pierre y Cathèrine? Me dijo Pierre que eran pareja sentimental –imagino que lo sabías–, pero también trabajaban juntos.
– No fue hasta mucho después que supe que Cathy y Pierre habían sido pareja. De Pierre ella siempre me habló como un fotógrafo, compañero de trabajo. Y aunque yo conocía el caso del espía Günter Guillaume, no se me ocurrió pensar que por el apellido podían estar emparentados. Todo eso lo supe mucho después, repito.
– Cuando conocí a Cathy en La Habana, desconocía que ella era hermana por parte de padre de Markus Wolf, el jefe de la Stasi, tampoco lo supe durante mi estancia en la RDA, donde deben haber estado al tanto de mis pasos, pero lo hicieron tan bien que nunca me di cuenta. Ni siquiera cuando Cathy me llevó a conocer, en su casa, a Heinz Geggel que era miembro del buró político del PSUA. La entrevista que le hice salió en Bohemia. En el tintero lo único que dejé de publicar fue el reportaje que no hice en la fábrica Rosa Luxemburgo.
– Solo una vez vi juntos a Pierre y Cathy, el día que fuimos a Cottbus, y no puedo decirte cómo eran sus relaciones personales y si su madre y sus hijos sabían que eran ‘novios’. Tampoco sé si ella se enamoró de Pierre y él de ella o fue algo pasajero. Físicamente, Cathèrine no era agraciada, ni de cara ni de cuerpo. Pero al margen de sus cambios de carácter, tanto por las conversaciones que tuvimos en Berlín como en La Habana, me dio la impresión de que era una mujer fuerte, independiente, capaz de enfrentar sola la vida y los problemas, sin necesidad de un hombre a su lado. Bueno, como yo misma era y sigo siendo.
P: Respecto al artículo de Der Freitag, ¿cuál es tu opinión? Tú conoces la isla, ¿Cathèrine tuvo problemas con las autoridades cubanas?
– Aunque lo que leí y publiqué en mi blog es una versión que hice de la macarrónica traducción del alemán al español de Google, al artículo publicado el 13 de julio de 2001 en Der Freitag le doy credibilidad. Me parece que describe seria y objetivamente la realidad en torno a Cathèrine Gittis, sus hijos, sus amigos y en particular su medio hermano Markus Wolf, Misha, como después supe que ella, Marcos y Andreas le decían. No creo que Wolf haya sido el culpable de su muerte, como escribió Andreas, pero a lo mejor Cathy y Misha tuvieron una especie de colaboración personal, de intercambio de informaciones acerca del mundo periodístico e intelectual en el que ella se movía, también de los países que ella había visitado y conocía bien, como Chile, Nicaragua y Cuba.
– Y en ese sentido puede que en determinado momento eso fuera muy estresante para ella y contribuyera a deteriorar su salud mental. Son especulaciones mías. Sigo especulando: probablemente, a Pierre lo destinaron a trabajar como fotógrafo con Cathèrine en esa revista por razones de seguridad, para tenerlo controlado y porque se supone que ella era una persona de toda la confianza de Markus Wolf y por ende de la Stasi.
– Que yo me hubiera enterado, quienes tuvieron problemas con las autoridades cubanas fueron sus hijos, sobre todo Andreas, que se acabó de descontrolar en La Habana, la capital del Hombre Nuevo pregonada por Fidel Castro y Che Guevara. Pero no ella, al menos hasta la última vez que la vi, cuando la visité en su apartamento en el Reparto Flores y que cuento en la primera parte de Recordando a Cathèrine Gittis.
– Si ella se sentía vigilada, nunca me lo dijo. Sabía que estaba trabajando en algo relacionado con los medios y tenía muchos amigos cubanos. Pero sí creo que al ser hermana del jefe de la Stasi, organismo con el cual el Departamento de Seguridad del Estado (DSE) mantenía estrechos contactos (igual que con la antigua KGB), debe haber estado discretamente vigilada. No solo por el DSE, también por la Embajada de la RDA, sobre todo cuando se detectó su enfermedad mental.
P: También escribes que no te sorprendió su suicidio. ¿Por qué motivo en concreto?
– Recuerdo que estaba editando un programa Puntos de Vista sobre la influencia de los españoles en Cuba, cuando una recién graduada de periodismo que había conocido a Cathèrine, de una conferencia en la Universidad de La Habana y que sabía que yo la conocía hacía tiempo, me dio la noticia de que se había suicidado en Berlín. Me dio mucha tristeza. No sabía de su deteriorada salud mental, pero sí sabía que nunca había logrado superar los traumas de su infancia, ser hija de una madre soltera y encima judía. Y que nunca, ni de joven ni de adulta, se sintió bien en la RDA, no le gustaba la forma de ser de los alemanes, le gustaban los latinos, los cubanos, las personas abiertas, no tan formales, tan puntuales ni estiradas. Se sentía perdida, cuestionaba el socialismo en la RDA.
– Solo una vez, una noche cuando conversamos largo rato en la terraza de nuestro apartamento en La Víbora, por primera vez cuestionó también el socialismo cubano. Un cuestionamiento como el que ya entonces miles de cubanos nos hacíamos. Pero no era algo que llamara especialmente la atención ni daba a entender que se relacionaba con disidentes o desafectos al régimen castrista.
– Ni idea tengo qué ella pudo haber sabido que hubiera dañado las relaciones entre Cuba y la RDA. No sé si se sabrá algún día. Lo cierto es que con sus virtudes y defectos, tuve en Cathèrine Gittis a una gran amiga y siempre la recordaré y le agradeceré las gestiones que hizo para que yo viajara a la RDA. Y de Marcos y Andreas, sus hijos, me quedo con sus imágenes de cuando los conocí niños en el Berlín de 1979. También con cariño recuerdo el día en que conocí a Pierre Guillaume y él hizo fotos para mí en Cottbus. Lo mejor de todo fue no saber quién realmente era Pierre ni quién era Misha. Cualquier aclaración o duda, me escribes de nuevo.
Foto: Cuadro El río Almendares, pintado por Gert Caden durante su estancia en Cuba (1942-1948). Tomado de Collection G. Caden.


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