Germanófila por cuenta propia (III)

Los buenos periodistas, como los buenos médicos y los buenos abogados, siempre quieren saber más. Ahora David Granda quería que le contara la motivación que tenía Cathèrine para invitarme a la RDA.

– La motivación que Cathèrine tuvo para que yo viajara a la RDA fue la investigación, inédita, que en dos o tres partes, tal vez cuatro, no recuerdo ahora, publiqué en la revista Bohemia sobre el Comité Antifacista Alemán que en La Habana fundó Gert Caden junto con otros exiliados alemanes, como Ruth Herrmann, la madre de Cathèrine y Heinz Geggel, entre otros. En esa investigación publiqué testimonios, también inéditos, de cubanos, que la conocieron cuando llegó a Cuba con dos años de edad, gente sencilla de la raza negra que vivían en la barriada habanera de El Cerro.

– Entre esos cubanos que acogieron a Gert Caden, Ruth Hermann y a su pequeña hija, entre otros alemanes antifascistas, se encontraba la familia del hoy olvidado escultor Teodoro Ramos Blanco. En el Museo Nacional de Bellas Artes, pueden verse obras suyas. Heroísmo materno se titula una escultura de Ramos de 1928 fue inaugurada en la Casa de España en Roma. No sé si aún permanece allí.

– Cathèrine simpatizaba mucho con los negros, mestizos, indígenas y en general con las personas pobres. Pienso que el hecho de ser yo mulata, proveniente de una familia humilde y comunista que durante la Guerra Civil Española se solidarizó con la República y posteriormente con el movimiento antifascista mundial, la motivó a querer que yo viajara a la RDA. Además, debe haber contribuido la buena opinión que los alemanes de la Embajada de la RDA tenían de mí. Ellos siempre me invitaban a sus conferencias de prensa, cocteles, recepciones, y habían comprobado que yo no aprovechaba esos convites para beber y comer gratis, como hacían otros periodistas, si no para tomar notas, hacer entrevistas y después publicar informaciones en Bohemia».

P: Muchas gracias, Tania. Son respuestas muy constructivas, hiladas casi como planos cinematográficos. Y con una memoria prodigiosa. Tras leerte, me quedan algunas preguntas. La revista era NBI (Neue Berliner Illustrierte). ¿Cuál era el cargo de Cathy?

– Sí, NBI se llamaba la revista, era una versión alemana de Life o Paris Match, por su abundancia de fotos. A Cathèrine le apasionaba el periodismo, descubrir y contar historias y si ocupaba un cargo dentro de la revista, nunca me lo dijo. Ella, como alemana de origen judío, no solo era muy ahorrativa y austera, si no también sencilla y honesta, odiaba la fama, la fastuosidad y el alarde. Tal vez estuviera al frente de un departamento o redacción, pero creo que solo era una reportera internacional bien valorada y con buenos contactos, dentro y fuera de la RDA.

– En mis respuestas anteriores olvidé decir que en la semana que viví en su casa, un día Cathèrine me llevó a conocer al director de NBI, a quien llevé una de las dos artesanías cubanas más caras que me habían dado en la revista Bohemia para obsequiar. La otra se la regalé a Heinz Geggel el día que lo entrevisté en su residencia. En esos dos encuentros, ella me sirvió de intérprete.

P: ¿Qué se cuestionaba Cathy del socialismo de la RDA –y del cubano, si lo quieres añadir?

– Ella llegó a Cuba con ilusiones sobre el socialismo verde olivo. Se había desilusionado del socialismo en la RDA, al comprobar que en realidad no era un sistema realmente libre ni democrático, no había libertad de prensa ni de reunión, los derechos humanos se respetaban a medias o a su manera, pero en particular, por el excesivo control hacia las personas y excesiva vigilancia, provocando que hubiera muchos delatores entre los ciudadanos, algo que debe haber conocido bien al ser Markus Wolf, su medio hermano, el jefe de la Stasi.

– No necesitó vivir demasiado tiempo en La Habana para darse cuenta que el socialismo cubano era peor. Al menos en la RDA hacía mucho tiempo que dejaron de tener cartilla de racionamiento y comparado con el nivel de vida con la RFA era bajo, pero con el de Cuba era altísimo. Lo primero que a mi regreso de la RDA publiqué en Bohemia, en julio o agosto de 1979, fue una serie de cuatro reportajes titulado El país se los cochecitos. Es que en Cuba los coches de bebés habían desaparecido y fue una de las cosas que más me impactó, además de ver a las personas mayores decentemente vestidas y no como nuestros viejos, quienes en 1979, tras veinte años de revolución fidelista, seguían usando la misma ropa, los mismos zapatos y los mismos abrigos.

P: ¿Conservas alguna fotografía de Cathy? Me sería útil para su descripción física. ¿Y alguna tuya de tu viaje a la RDA?

– No, no tengo ninguna foto de ella, ni en la RDA ni en Cuba. De mi estancia en la RDA hay esas que Pierre tiró en Cottbus y cuando estuve en la redacción de la revista RDA. Fotos, cartas, documentos, papeles, los dejé en casa de una amiga, pero después ella se fue a Estados Unidos y todo debe haberlo botado.

P: En tu blog leo que eres refugiada política y resides en Lucerna, Suiza ¿Me puedes comentar los motivos? ¿Y cuál es tu situación actual, no puedes regresar a la isla?

– Cuando el 18 de marzo de 2003, tras una comparecencia televisiva Fidel Castro puso en marcha la más amplia y violenta represión contra disidentes y periodistas independientes cubanos, uno de los primeros detenidos fue el escritor Raúl Rivero, que era el director de Cuba Press, agencia de prensa independiente fundada por él el 23 de septiembre de 1995. A partir de ese día, mi hijo Iván García y yo en cualquier momento esperábamos que la Seguridad del Estado nos fuera a detener en nuestra casa. No nos detuvieron y pese al clima de terror que había, los dos continuamos escribiendo, muchos de los trabajos yo los enviaba al exterior gracias a diplomáticos amigos de la embajada española en La Habana.

– Pero en mayo, la Seguridad comenzó a citar y presionar a Iván y también a su hermana, mi hija Tamila. A través de ellos empezaron a amenazarme con 20 años de cárcel, ellos pensaban que con Raúl Rivero en la cárcel, yo iba a seguir al frente de Cuba Press. No temía ir a la cárcel, pero pensé que mi nieta de 9 años no merecía seguir viviendo en un país donde en cualquier momento su abuela y su tío podían ir a prisión.

– Nunca había tenido contacto con los americanos, sí con los españoles, pero para obtener asilo en España tenía que viajar a Madrid y no tenía quién me pagara tres boletos: el mío, el de mi hija y mi nieta. A principios de junio fui a un teléfono público y llamé a la embajada de Suiza, pedí hablar con el consejero político, cuando salió le dije que era Tania Quintero, periodista independiente y le pedí una cita. A los dos días me estaba reuniendo con él y solicitando asilo político para mis dos hijos, mi nieta y yo. Ese mismo día me dio tres juegos de planillas, de 75 páginas cada una. Me pidió que en una semana se las llevara.

– Me dijo que seguramente me darían asilo a mí y a mi hijo, pero a lo mejor no a mi hija y mi nieta. Una semana después entregué las planillas. Eso debe haber sido a mediados a junio. El 28 de junio me llamaron de la embajada suiza, tenía una cita a las 10. Me recibió el embajador, que había regresado de sus vacaciones y me dijo que Suiza nos daba asilo político a los cuatro y que nos pagaba los billetes de avión. Que a partir de ese momento hiciera los trámites lo más rápido posible y con la mayor discreción. Me pidió que dejara las labores disidentes, para evitar ser detenida, algo que no hice.

– Realizar todos los trámites con la lentitud e ineptitud de los funcionarios cubanos, civiles unos, militares otros, no fue fácil. La historia de nuestra salida de Cuba y llegada a Suiza la puedes leer en Diez años en Suiza. Mi hija Tamila, mi nieta Yania y yo seguimos teniendo el status de refugiadas políticas. Ellas se han integrado muy bien: mi hija, bibliotecaria de profesión, de 55 años, lleva ya diez años trabajando en el mismo comedor de una escuela pública, ha pasado cursos de superación y de alemán.

– Además de hablar español, alemán, suizo e inglés (ha hecho dos cursos en el Reino Unido), Yania sabe un poco de francés y entiende el italiano y el portugués. Estudia Filosofía y Ciencias de la Cultura en la Universidad de Lucerna y se paga los estudios trabajando tres noches a la semana en dos cines de Lucerna. Desde hace dos años comparte un apartamento con tres personas más, una suiza, una alemana de origen paquistaní y un suizo de origen portugués. Como vino siendo una niña, a la edad de 9 años, es la única que podría viajar a La Habana, la ciudad donde nació, pero dice que no viajaría hasta que no tenga el pasaporte suizo, al que tiene derecho, pero no se lo ha hecho por falta de tiempo y de dinero (cuesta unos 3 mil francos suizos).

– Mi hija y yo no podemos viajar a Cuba hasta que el régimen castrista deje de existir. Dice el refrán que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Pero el mal en la Isla durará cien años.

P: Gracias de nuevo, Tania. Un detalle: ¿me puedes describir cómo era el vecindario y la terraza de tu apartamento en la Víbora, frente a la Plaza Roja, donde conversabas con Cathy?

– David, te copio lo que escribí en mi blog, en la primera parte de Rrecordando a Cathèrine Gittis: «Aunque en nuestro apartamento en la barriada habanera de La Víbora no teníamos condiciones, esas dos o tres semanas que Cathèrine estuvo en Cuba, por primera vez con sus hijos, se quedaron en nuestra casa. Dormían en unas colchonetas o sacos de dormir que ellos trajeron, en el piso de la sala o en la terraza: era el mes de julio y había mucho calor. Marcos tenía ya 14 o 15 años y Andreas 12 o 13. Pese a las dificultades materiales, la pasaron bien».

– Tengo dos fotos de nuestro edificio, una de antes que pusieran rejas en la terraza y otra después, enrejada por los ladrones. Tal vez lo novedoso es que en el jardín delante del edificio han crecido árboles, algo que no había en 1981, cuando Cathèrine, Marcos y Andreas convivieron con mis dos hijos, mi madre y conmigo.

– En 1981 uno no tenía que reportar al CDR de tu cuadra si en tu casa ibas a alojar por unos días a familiares o amigos, fueran cubanos o extranjeros. El CDR quedaba frente por frente a nuestro edificio, aunque a vigilar más se dedicaba una vecina que vivía al lado del CDR, también frente a nuestro edificio. Solo a los vecinos que vivían en los altos del CDR, que eran amigos míos desde que en febrero de 1979 nos mudamos para La Víbora (de 1944 a 1979 vivimos en El Cerro), les dije de la estancia de los alemanes de la RDA. Víctor, el esposo de mi amiga era intérprete-traductor de alemán y conversó bastante con Cathy y sus hijos, ellos cruzaban y se pasaban ratos en su casa.

– Un amigo de Iván, que vivía dos cuadras, pasando la llamada Plaza Roja, se hizo muy amigo de Marcos y Andreas, una amistad que continuó cuando en 1983, ellos volvieron a Cuba y no pude acogerlos de nuevo en mi casa, por mi madre enferma y la difícil situación con el agua y, posteriormente, cuando se mudaron a vivir en La Habana, en el Reparto Flores. Ese amigo una vez fue invitado por Marcos y Andreas a Varadero, a la Casa de los Cosmonautas, una mansión que tenía el gobierno para invitados importantes, como era Markus Wolf, el tío Misha.

P: Conociste a los grupos Karat y Kreis. ¿Te comentaron si tuvieron problemas con la censura? En tu estancia en la RDA, ¿oíste hablar en algún momento de las bandas Die Firma o Freygang?

– Al grupo Kreis lo contacté a través de la embajada de la RDA, interesada en promocionarlos en Cuba. Con el apoyo de dos o tres amigos del mundo musical, cuando Kreis viajó a Cuba, actuaron en un programa juvenil que había los domingos por el Canal 6 de la TV cubana y cuyo nombre he olvidado. Kreis viajó dos veces a La Habana, tuvieron buena repercusión y actuaron en teatros. Y cuando estuve en la RDA visité a la cantante y al director, que eran pareja. Vivían en una de esas casonas viejas que del Berlín este-alemán. Me prepararon una pizza riquísima y ella me regaló una manta blanca tejida muy bonita.

– De la existencia de Karat me enteré por Cathy, quien desde la primera vez que hablamos, en Bohemia, me habló de ellos. También los divulgué bastante sobre todo por la radio, pero creo que no llegaron a viajar a La Habana, no estoy segura. Sí que en nombre del grupo dos músicos nos invitaron a Cathy y a mí a cenar en el restaurant de la Torre de TV de Berlín, con una vista fabulosa de la ciudad.

– Ninguno de los dos grupos me comentó nunca haber tenido problemas con la censura, ni en Cuba ni en la RDA, pero eso no significa que no los tuvieran. A mí no me gusta el rock, de ningún país, y si divulgué a dos grupos rockeros, fue para que los jóvenes cubanos conocieran algo distinto. De las bandas que mencionas, Die Firma y Freygang nunca escuché hablar. De la única que conocía algo, no mucho, era de Nina Hagen.

P: Por cierto, ¿sigues en contacto con Raúl Rivero?

– Sí, sigo en contacto con Raúl Rivero. Hace ya cuatro o cinco años, Raúl y su esposa Blanca Reyes dejaron Madrid y se asentaron en Miami, donde viven las dos hijas de Raúl y sus nietos, y Blanca tiene a su único hijo. En 2016, después de once años, mi hijo Iván García se reencontró en Miami con Raúl Rivero y su esposa.

Fotocopia de uno de los cuatro artículos sobre el Comité Alemán Antifascista publicados en la revista Bohemia entre finales de 1978 y principios de 1979.


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