Nueve años para dar a luz un libro

Periodista, nada más, el libro que del viernes 18 de septiembre al domingo 18 de octubre se puede leer en el blog, demoré nueve años en parirlo: desde diciembre de 2002 hasta mayo de 2011.

En La Habana lo empecé a escribir y en La Habana lo dejé, a medias. Dos veces lo engaveté, en 2005 y 2006, viviendo ya como refugiada política en Lucerna. Para mi 68 cumpleaños, el 10 de noviembre de 2010, quise desempolvarlo y subirlo a mi desaparecido blog, pero mi computadora, que estaba como La Habana, que no aguantaba más, se rompió.

Entonces lo preparé para darlo a conocer en marzo de 2011, pero el administrador del blog tuvo que hacer un viaje de trabajo a China y Tailandia. Finalmente, vino al mundo el miércoles 11 de mayo de 2011.

Soy periodista de la vieja escuela, y aunque no domino las nuevas tecnologías (no tengo smartphone, no sé tuitear ni pasar WhatsApps, no estoy en Facebook ni otra red social), las 61 cuartillas inéditas e inconclusas de Periodista, nada más, no fueron presentadas en papel, como un libro tradicional, que luego la gente tiene que comprar, y si no lo compra, envejece en las estanterías.

Como no quería eso para un libro que logré salvarlo de la fogata totalitaria cubana, preferí internet a una editorial. Online puede ser leído y comentado por quien desee, cuando lo desee. Sin que los lectores tengan que gastar un centavo. Sin que medie dinero, de nadie ni para nadie.

Salió con el prólogo y el epílogo que me escribieron dos queridos amigos, Raúl Rivero y Carlos Alberto Montaner. También con dedicatoria y agradecimientos. Los textos digitales ofrecen más posibilidades que las páginas impresas. Permiten, por ejemplo, incluir links y videos.

La redacción, sencilla y directa, acorde a mi estilo. Los hechos contados son verídicos. Así ocurrieron. Sin alardes ni exageraciones. Menciono las fechas lo más exactas posibles y a las personas por sus nombres y apellidos, salvo excepciones. Es la vida que me tocó vivir en un país donde no escogí nacer.

Tampoco escogí a mis padres ni a mis abuelos. Pero estoy orgullosa de haber nacido en Cuba, en La Habana de 1942. Y de haber sido la hija única de José Manuel Quintero Suárez y Alejandrina del Carmen Antúnez Aragón. No conocí a mis abuelos, Manuel y Luis, pero sí a mis abuelas, Matilde y Francisca. Orgullosa también de mis dos hijos, Tamila e Iván, y de mis dos nietas, Yania y Melany.

Mi familia paterna era de Cienfuegos y la materna de Sancti Spíritus. No tuve hermanos, pero sí muchos primos. En total tuve doce tíos. Cinco por parte de padre y siete por parte de madre, ya todos murieron. De mi vida forman parte también los amigos, cubanos y extranjeros. Varios son mencionados en esas 61 cuartillas, salvadas de la represión en marzo de 2003 y que un día de marzo de 2004 volaron de La Habana a Lucerna.

Pese a que familiares y amistades están presentes, el peso del libro lo ocupa mi paso por el periodismo en Cuba. De ahí el título: Periodista, nada más.

Foto de Ester Michel. De la entrevista que le hiciera el periodista suizo Hugo Berchtold y que con el título Flucht vor Fidels Terror fue publicada el viernes 13 de febrero de 2004 en el Luzerner Zeitung.


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