Aquella tarde de agosto de 1977

Personalmente no conocí a Haydée ‘Yeyé’ Santamaría. En más de una ocasión la vi y la saludé mientras cubría alguna actividad en la Casa de las Américas, primero como periodista de la revista Bohemia, después como reportera del Noticiero Nacional de Televisión. Pero una vez, una sola vez, pude tener idea de la clase de mujer que Yeyé era. Y del carácter que tenía. No recuerdo el día, sí el mes y el año: agosto de 1977.

Armando Hart acababa de ser nombrado ministro de Cultura -otro craso error, después de haber sido un pésimo ministro de Educación- y el jefe del departamento de cultura de la Unión de Jóvenes Comunistas, Juan M. Pantaleón, un guajirote que alternaba esa responsabilidad con un cargo en el Comité Organizador del XI Festival Internacional de la Juventud y los Estudiantes, me pidió que asistiera a la reunión que se celebraría con Hart e integrantes de la Nueva Trova.

Entonces yo era secretaria de Pantaleón y seguía publicando en Bohemia. El encuentro tuvo lugar en la residencia de protocolo de la UJC, en Primera y 36, Miramar. Entre otros trovadores asistieron Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Noel Nicola, Sara González, Augusto Blanca, Lázaro García y Jorge Gómez, director del grupo Moncada.

Cuando se produjo un receso y mientras esperábamos para merendar, sentimos un carro llegar y parquear abruptamente. Como diablo que lleva el cuerpo se bajó Yeyé. Estaba enfurecida. En un salón, Sara González con su guitarra se disponía a una breve descarga musical. Al verla, salieron solícitos. También salió Armando Hart, que todavía era esposo de Haydée (se divorciaron en 1980).

Cuando ella llegó, Hart se encontraba conversando con Pantaleón y Luis Orlando ‘Landy’ Domínguez y los dos salieron. Landy era primer secretario de la UJC y en junio de 1987 sería detenido y condenado a 20 años de prisión, acusado de supuestos delitos de corrupción (por lo menos hasta 2002 tuvo un boyante negocio de catering para bodas, fiestas de quince y cumpleaños en su casa del Reparto Naútico, en el municipio habanero de Playa).

A Yeyé no había quien la calmara. Su alteración era doble: por Hart, a quien ella públicamente despreciaba, y por “los muchachos de la Nueva Trova”, a quienes ella tanto había protegido desde la Casa de las Américas, donde nació la Canción Protesta, antesala del Movimiento de la Nueva Trova. Y ahora la “traicionaban” con ‘ese hombre’ a quien tampoco respetaba como ministro de Cultura. La mezcla de esos sentimientos más todo lo que llevaba por dentro -el incidente ocurrió tres años antes de su suicidio en 1980-, tuvo el efecto de un coctel molotov.

No aceptaba que Hart le hablara ni intentara calmarla. Fue especialmente agresiva con Silvio Rodríguez y Jorge Gómez. “Haces canciones como si fueran chorizos”, le dijo molesta a Silvio. Y a Jorge le espetó las veces que había acudido a ella llorando miseria, sin instrumentos para sus músicos del grupo Moncada.

La surrealista escena duró varios minutos. Hart, Pantaleón, Landy y Gómez decidieron entrar de nuevo a la residencia de protocolo de la UJC. Me quedé viendo cómo Silvio cariñosamente hablaba con Yeyé. En un momento, le tiró el brazo por encima y logró que se dirigiera a su auto. Se montó a su lado y se fue con ella.

Cuentan que en los meses anteriores a su decisión de suicidarse, la controvertida personalidad de Haydée Santamaría se exacerbó. Al final de su vida, la ‘heroína del Moncada’ se sintió sola y abandonada. Los que una vez la mimaron y halagaron, no sólo la rehuían y no contestaban sus insistentes y desesperadas llamadas telefónicas, sino que a sus espaldas decían: “Pobrecita, cada vez está más loca”.

Ojalá que en el seno de los machos que hicieron la llamada revolución, hubiéramos tenido unas cuantas locas como Haydée Santamaría Cuadrado, mujer sin pelos en la lengua. De Fidel Castro para abajo, decía en la cara lo que sentía. Como aquella tarde de agosto de 1977.

Foto: MST do Brasil.

Leer también: Haydée Santamaría se suicidó el 26 de julio de 1980.


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